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Opinión | Tribuna

Me he cogido la baja

Me he cogido la baja

Me he cogido la baja

Me he cogido la baja.

Y un güevo. Esto no es el supermercado. La baja laboral la da el médico tras evaluar y diagnosticar. Es, pues, un acto médico.

Es verdad que las tres preguntas hipocráticas («¿qué le pasa?, ¿desde cuándo? y ¿a qué lo atribuye?») están siendo reemplazadas, sobre todo en nuestra excelente Atención Primaria, por «la medicina del deseo» que se impone en las consultas: «hágame un TAC», «mándeme al especialista» o «deme la baja». Esta forma de entender la consulta puede interferir en la relación médico-paciente. Empezó con el Dr. Google y ahora se ha potenciado por la IA.

Recientemente, se ha abierto un debate sobre el absentismo laboral. Bienvenido sea, pero partiendo de una idea clave: la baja laboral es un derecho de los pacientes y un acto médico.

Hablamos de «absentismo» cuando en realidad mezclamos tres fenómenos distintos: la enfermedad real, los problemas derivados del trabajo (burnout, estrés, acoso o lesiones) y un porcentaje minoritario de fraude. Si no separamos estas situaciones, cualquier medida será injusta e ineficaz.

Pero partamos de unas ideas clave: las bajas laborales no son un problema de absentismo, sino un síntoma del estado de salud del trabajo en España. Renunciar a la estigmatización y penalización de las bajas laborales y, más bien, prevenir sus causas, ese es el cambio que necesita España.

Hay que poner el énfasis y focalizar la atención no en cómo reducir las bajas, sino en por qué cada vez más trabajadores enferman. Es decir, no nos podemos equivocar: el problema no son las bajas laborales, sino las causas que las provocan.

Tenemos que cambiar de paradigma: del absentismo a la salud laboral. Y vuelvo a clarificarlo: las bajas laborales no se combaten con sospechas, sino con prevención, salud y buena gestión. Debemos centrar el debate: no en cómo reducir las bajas, sino por qué cada vez más trabajadores enferman.

Propongo ocho grandes líneas de actuación:

1. Analizar cualitativamente las causas de las bajas, diferenciando enfermedades, salud mental, accidentes, burnout o conflictos laborales.

2. Apostar por la prevención. Si una empresa o administración registra muchas bajas, la primera pregunta debe ser qué está fallando en esa organización.

3. Reforzar la Inspección Médica. Clave. Hay un importante déficit de inspectores. Deberían estar más considerados y retribuidos, y, no ser utilizados como chivo expiatorio. Deben contar con más recursos y reconocimiento para revisar precozmente los procesos, facilitar reincorporaciones cuando sean posibles y detectar tanto el fraude como las bajas innecesariamente prolongadas.

4. Programas de reincorporación progresiva, con altas parciales, adaptación temporal del puesto o reducción de jornada, medidas habituales en otros países y poco utilizadas en España.

5. Reconocer el burnout como enfermedad profesional, especialmente en sanitarios, docentes y profesionales de emergencias.

6. Mayor coordinación entre Atención Primaria, mutuas, Inspección Médica y servicios de prevención, compartiendo la información imprescindible y reduciendo burocracia.

7. Utilizar la inteligencia artificial para identificar sectores o puestos de mayor riesgo y actuar antes de que aparezcan las bajas, nunca para vigilar a los trabajadores.

8. Medir resultados en salud y no solo en costes, valorando la recuperación, la reducción de recaídas e incapacidades permanentes y la satisfacción de trabajadores y empresas.

En definitiva, España necesita dejar de hablar de «absentismo» y empezar a hablar de salud laboral. La baja médica no es un fracaso del trabajador ni un problema exclusivo de la empresa; es un indicador de que algo ha fallado en la salud de una persona o en la organización del trabajo.

Gestionarlas bien exige un enfoque sanitario, preventivo y organizativo, no solo económico. Una política centrada únicamente en reducir bajas puede aumentar las recaídas, las incapacidades permanentes y los costes futuros.

La clave está en prevenir mejor, diagnosticar antes, tratar adecuadamente y facilitar un regreso seguro al trabajo.

Ya saben: en derrota transitoria, pero nunca en doma.

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