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Opinión | Desde el siglo XX

Los responsables de la masificación somos todos menos Prohens

Lleva tres años siendo presidenta de la Comunidad Autónoma balear, pero es a la única a la que no cabe achacarle la masificación que padecemos, o eso proclama

Los responsables de la masificación somos todos menos Prohens

Los responsables de la masificación somos todos menos Prohens / DM

Marga Prohens, presidenta en ejercicio (teórico) de la Comunidad de las Islas Adyacentes, se manifiesta emuladora de la presidenta de Madrid Distrito Federal: adentrarse en asuntos sobre los que carece de competencias eludiendo responsabilidades sobre los propios. El campo de combate predilecto de Isabel Díaz Ayuso es, además de arrearle a Pedro Sánchez, el internacional; en él confronta a las bravas, importándole un bledo si deja en evidencia a su jefe, desvaído Núñez Feijóo, incapaz de sacar rédito político del desastre de Ceuta (casi 100 muertos, que importan un bledo), y eso que sus correligionarios europeos se lo han puesto en bandeja para triturar al presidente del Gobierno, ni por esas. Ayuso, cuando las cuitas de sus áticos se lo posibilitan, habla y habla menos de lo que es su directa responsabilidad, caso de los incendios, donde rauda se ha quitado protagonismo, endosándole las responsabilidades al Ejecutivo central.

Marga Prohens reproduce toscamente la escenificación que tan pingües beneficios electorales reporta a Isabel de España. ¿Con qué? Pues, cómo no, a cuenta de la masificación turística aderezada con el asunto de la llegada de migrantes, no vaya a suceder que Vox se quede en exclusiva con el santo y la limosna. Entendamos que Prohens se instaló en el Consulado del Mar en los inicios del verano de 2023, con lo que son tres años largos los que cabalga la masificación, como quien trastea a un manso, sin complicarse la existencia. ¿Por que debería si la responsabilidad no es suya, sino de los demás, de todos, nunca suya? Enumeremos: los ocho años en los que presidió las Islas Masificadas la socialista Francina Armengol, improbable presidenta del Congreso de los Diputados, cargo que todavía ha sido incapaz de digerir Prohens, constituyen la génesis (arguye Prohens) del desastre actual, que no es posible revertir en tres años , por lo que ni tan siquiera hace atisbo de intentarlo. Hasta el nefando alquiler turístico escapa a su competencia. De no ser insalvable obstáculo el desgobierno nefasto de las izquierdas, ahí hace acto de presencia Aena, que es quien controla el aeropuerto de Palma de Mallorca, que se denominará, para jolgorio de la OCB y restantes organizaciones «soberanistas», Palma-Mallorca, que no contribuye a atemperar la invasión turística, sino que la incrementa. Ante tanto desafuero, conjunción demoníaca, qué puede oponer Prohens, cómo pretender acotar semejante desatino. Lo que está haciendo: echar las culpas , acusar con y sin fundamento, anunciar iniciativas que se quedan en palabras, solo palabras, que nada dicen a nadie, que por nadie serán atendidas. Eso sí, respeta la manifestación de 50 mil personas que el 26 de julio salieron a las calles de Palma reclamando cordura siendo apaleadas sin ninguna por la Policía Nacional, lo que le concedió cierto respiro posibilitándole escurrir algo el bulto.

En esas estamos y continuamos: la última que endilga la presidenta balear es la de que los pisos que ha encargado que se construyan serán para quienes acrediten al menos 15 años de residencia legal en las Adyacentes. A Prohens Vox no le va a ganar por la mano, o eso cavila; no debiera ir tan sobrada: no ser responsable nunca de nada tiene coste. Lo he escrito y lo reitero: el 23 de mayo de 2027, la presidenta Marga Prohens se topará con una realidad que teme casi tanto como ser despachada del Consulado del Mar (para quienes no estén apercibidos, sede de la presidencia de la Comunidad, ubicado en el paseo de Sagrera, lugar espléndido como pocos), que pasa por quedar encadenada a Vox. Se constatará la ausencia de mimbres para el cargo que desempeña. El PP de Prohens y sus conmilitones, entre los que destaca el vicepresidente Antoni Costa, al que habrá que referirse por la condescendencia que hacia él exhiben las fenecidas izquierdas mallorquinas, llevando a cuestas haber protegido a su amigo agresor sexual, se las verá con tener que gobernar en coalición con la crecida extrema derecha mallorquina. Y allí aguarda colección de contenciosos de envergadura.

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