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Opinión | Al azar

Sánchez, solo contra el mundo

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez / Ana B. Muñoz

Sánchez anunció el viernes pasado que «Ceuta es una ciudad española». El recordatorio de que Valencia o Sevilla son ciudades españolas resultaría infamante, pero el presidente del Gobierno la emite a domicilio. Rodeado de ceutíes, y por tanto españoles, estupefactos. El lapsus es otro síntoma de su desconexión de la crisis planetaria en que lo han metido, porque nunca es culpa del líder socialista. En el relato de «Pedro contra el mundo», todos los países circulan en dirección contraria. Ni siquiera la incapacidad de Feijóo para capitalizar el hundimiento del rival atenúa la consideración de La Moncloa como riesgo planetario.

Sánchez predicaba «no a la guerra» y «genocidio» como si fuera un cantautor sin deberes de Gobierno, con la misma irresponsabilidad de publicar su playlist en medio de la crisis de Ceuta. Reclama la lira porque se siente emperador. No demuestra que tiene tiempo para todo, sino su desdén olímpico tras colocar al planeta al borde del abismo. Los excesos de la ultraderecha se rematan con los vídeos superpuestos de una matanza zombi y de la llegada masiva a Ceuta a cargo de Elon Musk, en la red social favorita del progresismo. La distorsión grotesca no oculta que el presidente estaba obligado a anticipar la «violación de la integridad territorial». La ignorancia de que presume empeora el ridículo de su gabinete.

En la contienda mundial desatada por Sánchez, porque desde Franco no conseguía España colocar a 22 países europeos en su contra, procede alabar su coraje temerario al meter el dedo en el ojo de Trump y Netanyahu. De ahí la sorpresa de que el presidente del Gobierno se comporte como un títere de Marruecos, fiel súbdito de los citados. El desastre de Ceuta se debería a unas indefinidas «mafias» judeomasónicas, ideologizadas por el Tribunal Supremo que condenó al fiscal general. No se ha identificado a uno solo de los capos que han puesto en jaque a un país de cincuenta millones de habitantes, aunque los inventarán. Además, decenas de miles de paganos marroquíes de la evasión sin victoria regresan al día siguiente a sus hogares, en una desastrosa inversión económica que no explica un líder socialista anclado a varias millas de la realidad.

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