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Opinión | Lletra menuda

José María López

Las imágenes del desembarco del Rei en Jaume en Santa Ponça

Las imágenes del desembarco del Rei en Jaume en Santa Ponça / Ajuntament

A medida que se va acercando la fecha, persisten las incertidumbres y dudas sobre la celebración de la fiesta del Rei en Jaume en Santa Ponça. Sin embargo, una cosa está clara ya y no es motivo para lanzar cohetes. De llegar a escenificarse, será en un ambiente enrarecido y con restos de polémica, por tanto, con el evento devaluado.

Hay una falta de tacto y una muestra de carencia de argumentos en la afirmación del alcalde, Juan Antonio Amengual, según la cual las colles están «un poco politizadas». De ser así, este no es motivo suficiente para debilitar un festejo sólido y consolidado.

De todos modos y por muy buenos estrategas que fueran, resulta imposible que el millar y medio de componentes que se atribuyen a las colles abrieran un frente unidireccional con Amengual como adversario a batir. ¿Para qué?

Parece más bien que el alcalde de Calvià, visto que la solución no llega y se antoja compleja, ha echado leña política a la disputa entendiendo el término político como una desvirtuación del servicio público. Solo ha conseguido enervar más a los componentes de las colles y esa tampoco es encomienda propia de un primer edil. Como el mismo llegó a reconocer en el último pleno, se acumula por igual en el affaire una porción de «envidia», no tan sana como asegura, por parte de un alcalde que apenas sabía de la fiesta del Rei En Jaume antes de llegar al cargo.

Llama la atención, por otro lado, la tardanza de la Conselleria en pronunciarse sobre la posible solución de compromiso consistente en escenificar la batalla en la pinada y preservando la zona dunar. Mejor la claridad.

Tal cómo están las cosas, sería conveniente que cada una de las partes supiera a qué atenerse cuanto antes. Incluso Juan Antonio Amengual, al desenvainar la espada de la política, ha reconocido que lo que está en la picota, son las fiestas más importantes de Calvià. Queda claro que la gestión del evento y sus controvertidos preámbulos, por lo menos este año, no está a la altura de tal calificación. Y el alcalde tiene bastante que ver en ello.

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