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Opinión | Tribuna

Jordi Cubain Arenas

Jordi Cubain Arenas

Profesor de marketing

Ceuta: invasión o emergencia humanitaria

La llegada masiva desborda a la ciudad y revela una nueva frontera: la que se abre en las redes, donde los rumores viajan más rápido que la respuesta institucional

Decenas de migrantes el viernes en Ceuta

Decenas de migrantes el viernes en Ceuta / Jesús Torres / Europa Press

Ceuta afronta un terremoto demográfico sin precedentes. Más de 40.000 personas han cruzado en pocas horas desde Marruecos hacia una ciudad autónoma de apenas 83.000 habitantes. Para comprender la dimensión, imaginemos que Madrid recibiera en unas horas cerca de dos millones de personas sin alojamiento, recursos sanitarios ni servicios preparados. No es una fluctuación migratoria: es una explosión demográfica capaz de desbordar cualquier estructura urbana.

La llegada masiva pone al límite hospitales, centros de acogida, fuerzas de seguridad, transporte y protección de menores. También altera la vida cotidiana de los ceutíes, que observan cómo calles, playas y espacios públicos absorben una población sobrevenida equivalente a una tercera parte de la ciudad. Hay miedo, desconcierto y sensación de abandono. Al otro lado del drama aparecen quienes se lanzaron al mar convencidos de que podían alcanzar Europa. Al menos 18 personas han muerto en el intento, según los primeros balances.

La palabra «invasión» domina las redes porque es corta, visual y emocional. Desde el marketing, funciona como una marca: simplifica un fenómeno complejo, identifica una amenaza y ofrece al público un relato fácil de recordar. Sin embargo, no estamos ante un ejército, sino ante miles de personas movilizados por pobreza, expectativas, rumores y la percepción de que la frontera había dejado de ser infranqueable.

Al Ries, referente de la teoría del posicionamiento, sostenía que la verdadera batalla se libra en la mente del consumidor. En Ceuta, la batalla política también se libra en la mente del ciudadano. Quien consigue imponer una palabra condiciona la respuesta. «Invasión» reclama defensa; «emergencia humanitaria» exige asistencia; «presión migratoria» demanda diplomacia. Las tres expresiones iluminan una parte de la crisis, pero ninguna puede apropiarse de toda la realidad.

La gran novedad es que la frontera ya no está formada únicamente por vallas, cámaras y agentes. Existe una frontera digital que se abre o se cierra mediante mensajes de WhatsApp, vídeos de TikTok y publicaciones difíciles de verificar. Una imagen de miles de personas cruzando actúa como una campaña publicitaria involuntaria: promete una oportunidad, reduce la percepción del peligro y convierte cada llegada en prueba de que la siguiente también será posible.

Seth Godin, uno de mis autores preferidos, explica que el marketing eficaz crea historias que las personas desean compartir. Eso es exactamente lo que puede ocurrir con una ruta migratoria. El relato «la frontera está abierta y allí se vive mejor» posee todos los ingredientes de un mensaje contagioso: es sencillo, urgente, emocional y ofrece una recompensa extraordinaria. No necesita ser cierto; necesita parecer creíble durante el tiempo suficiente para provocar una decisión.

Las redes añaden una poderosa prueba social. Si miles de personas ven a otras avanzar, disminuye su percepción individual del riesgo. El cerebro interpreta que una conducta repetida por muchos debe de ser viable. Pero el algoritmo en las redes enseña al joven que alcanzó la playa, no a quien no lo consiguió, falleció en el intento, fue detenido o devuelto. La esperanza se viraliza; las consecuencias no.

Por eso esta crisis también representa un fracaso de marketing institucional. Mientras los rumores prometían acceso inmediato a Europa, las administraciones respondían con mensajes lentos, contradictorios y burocráticos. En comunicación, el vacío nunca permanece vacío: lo ocupa el relato mejor por ser más emocionante. Cuando las autoridades intentan corregirlo, la multitud ya está en movimiento.

España necesita recuperar simultáneamente el control físico y el control informativo. Debe comunicar en los canales donde nace la movilización, explicar las consecuencias reales del viaje y neutralizar los rumores antes de que se transformen en comportamiento colectivo.

Ceuta demuestra que una frontera puede convertirse en algo viral. El resultado es una tragedia humana y una ciudad al límite. Gestionar la frontera exige comprender que, antes de saltar una valla o entrar en el mar, muchas personas ya la han cruzado mentalmente gracias a un relato irresistible.

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