Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

La izquierda ante la inmigración del barullo

La ministra de Inmigración, Elma Saiz y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

La ministra de Inmigración, Elma Saiz y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / EFE

Podemos divagar sobre si existe un cambio climático o perder el tiempo debatiendo sobre los negocios que se esconden detrás de todo fenómeno ecologista. Podemos hacer estadísticas sobre la meteorología de este siglo o sobre los últimos veinte. Lo cierto es que mientras eso enfrenta a los de siempre, el bosque se quema.

La ciencia, que a lo largo de los siglos ha errado pocas veces, no parece equivocarse sobre el efecto invernadero del planeta. Ahora, el bosque se quema y los recursos se ponen para apagarlo pero no para prevenir el fuego. Mientras eso ocurre, observamos perplejos cómo permanecen los debates medio ambientales, en vez de trabajar de forma decidida en adelantarse a los incendios. Para avanzarse es necesario gestión e inversión. Y, además, tomarse en serio el desastre y no sobrevolar sobre la cuestión.

El ejemplo sobre el debate poco productivo de los incendios sirve para ponerlo como ejemplo en relación a otra cuestión que, aunque nada tenga que ver, demuestra la facilidad de ceguera que existe ante un supuesto estado de opinión mayoritario. La encuesta publicada por EL PERIÓDICO sobre la estimación de voto ante unas elecciones catalanas, donde ganaría el PSC y Aliança Catalana quedaría en segundo lugar, ha hecho estremecer a más de un catalán y con razón. La extrema derecha catalana se afianza en el territorio, junto con Vox, y nadie parece dispuesto a analizar la evidencia para evitarla.

Desde hace diez años la izquierda proclama y grita, en una metodología de «¡qué viene el lobo!», los peligros de la llegada a cualquier tipo de poder de la extrema derecha. Repite una y otra vez esa posibilidad, evitando mirar de frente las causas por las que eso ocurre. Se insiste en explicar la forma en que la sociedad perdería su sentido democrático, pero no de explicar las causas. En definitiva, la izquierda no se atreve a cuestionarse el por qué un ciudadano que siempre les ha votado, ahora está pensando cambiar de bando y de forma tan radical.

En estos momentos, existen dos problemas cruciales para la ciudadanía: la vivienda y la inmigración. El primero está en el ámbito económico y otras firmas más cualificadas han profundizado sobre él. El segundo es una cuestión política y de sociedad. La inmigración es buena y beneficiosa para todos. La inmigración descontrolada es un desastre y un argumento que esgrime la extrema derecha para ir incrementando sus resultados.

Los partidos de izquierdas, PSOE, PSC, ERC, Podemos, Sumar o Izquierda Unida no se atreven a enfrentarse a la cuestión con determinación e inteligencia. Es su talón de Aquiles. Para evitarlo repiten las mismas misivas de los últimos 30 años y España ha cambiado en estos temas. No es de fachas afirmar que la inmigración es muy positiva mientras no se descontrole. ¿A quién le gusta algo descontrolado? El agua es buena y cuando se descontrola provoca inundaciones. El fuego es útil y su exceso quema bosques. Ir de fiesta es sanísimo pero mejor marcharse de un guateque descontrolado. Se trata de aceptar la gestión del desbarajuste. Después puede ser peor.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • inmigración
  • Opinión
Tracking Pixel Contents