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Opinión | Tribuna

La gran revolución sanitaria será evitar la enfermedad

THE HEALTHCARE WE DESERVE

Enfermedades

Enfermedades

Durante más de un siglo hemos medido el progreso de la medicina por su capacidad para tratar enfermedades cada vez más complejas. Ese progreso ha transformado la vida de millones de personas. Pero quizá haya llegado el momento de cambiar la pregunta: ¿y si el verdadero éxito de la medicina no consistiera únicamente en curar mejor, sino en evitar que la enfermedad llegue a aparecer?

La mayor innovación sanitaria del siglo XXI no será un nuevo medicamento. Será conseguir que millones de personas nunca lleguen a necesitarlo.

La prevención no es una idea nueva. Las vacunas y los programas de detección precoz del cáncer de mama o colorrectal han salvado innumerables vidas. Lo nuevo es la posibilidad de convertir una prevención general en una prevención personalizada. La genética, los biomarcadores, la historia clínica digital y la inteligencia artificial permiten conocer mejor el riesgo de cada persona y actuar cuando todavía existe la oportunidad de proteger su salud.

He vivido la enfermedad desde ambos lados de la mesa: como cirujano, acompañando durante décadas a pacientes y familias, pero también como esposo. Mi mujer, Catalina, falleció por un cáncer de pulmón sin relación con el tabaquismo. Su padre había muerto años antes por la misma enfermedad. Desde entonces me pregunto si algún día seremos capaces de identificar antes estos riesgos y ofrecer a otras familias una oportunidad que nosotros no tuvimos.

Cada día, miles de personas reciben el diagnóstico de un cáncer, una enfermedad cardiovascular, diabetes o una patología neurológica o hereditaria. En ese momento el sistema moviliza sus recursos para tratar al paciente. Así debe ser. Pero ese diagnóstico debería activar también una segunda responsabilidad: valorar, con consentimiento informado y con las máximas garantías de privacidad, si sus familiares biológicos presentan un riesgo que justifique una evaluación preventiva.

Cada diagnóstico debería convertirse en una oportunidad para prevenir la siguiente enfermedad.

Ésta podría ser la primera aplicación práctica del nuevo ecosistema sanitario que propuse en el artículo anterior. Un sistema en el que hospitales, atención primaria, investigación y tecnología compartan el conocimiento necesario para anticiparse a la enfermedad. Ese nuevo protocolo asistencial podría llamarse Momento Cero: el instante en que un diagnóstico deja de ser únicamente el final de una búsqueda y se convierte también en el comienzo de una oportunidad para toda una familia.

No se trataría de someter a todos a pruebas indiscriminadas ni de provocar alarma. Se trataría de identificar, conforme a la evidencia científica, quién puede beneficiarse de estudios genéticos, biomarcadores, revisiones específicas o programas de seguimiento adaptados a su riesgo.

Un diagnóstico. Muchas vidas

La prevención del futuro tampoco debería limitarse al cáncer o a las enfermedades cardiovasculares. Tendrá que incorporar progresivamente las enfermedades neurodegenerativas, otros trastornos hereditarios y la salud mental. Cada persona posee una combinación irrepetible de genética, entorno, hábitos y circunstancias. No parece razonable que todas reciban exactamente la misma prevención.

Mallorca tiene la oportunidad de convertirse en el primer territorio de España y en uno de los primeros de Europa en poner en marcha este modelo. Su tamaño, la concentración de recursos sanitarios y científicos y la posibilidad de colaboración entre instituciones públicas y privadas la convierten en un lugar idóneo para desarrollar un proyecto piloto, medir sus resultados y demostrar que puede reproducirse en otros territorios.

Buena parte del conocimiento y de las herramientas ya existen; lo que falta es organizarlos. Un proyecto de estas características encaja plenamente en las prioridades europeas de prevención, medicina personalizada y transformación digital, y podría aspirar a financiación procedente de los programas europeos que continúan impulsando la innovación sanitaria.

La igualdad sanitaria del siglo XXI no consistirá solo en garantizar el acceso al mejor tratamiento, sino también al conocimiento que permita conservar la salud. Mallorca podría ser el lugar donde España demostrara que la mejor inversión sanitaria no empieza necesariamente en un hospital o en un quirófano, sino mucho antes, cuando aún existe la posibilidad de evitar la enfermedad.

La medicina del siglo XX aprendió a tratar mejor las enfermedades. La gran misión del siglo XXI será conseguir que cada vez menos personas lleguen a padecerlas.

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