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Opinión

Cartas marcadas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Aaron Schwartz - Pool via CNP / Zuma Press / Europ

Es una evidencia que el mundo ha enloquecido y que lo ha hecho a una velocidad extrema. Y que, en este mundo en el que vivimos, pasan cosas del todo estrafalarias y desconcertantes. Un ejemplo. La empresa Kalshi, conocida como una plataforma de predicciones de mercado (es decir, y para entendernos, una casa de apuestas) admite todo tipo de transacciones. En los cinco años que lleva trabajando en este campo, ha tenido tiempo de aceptar y promover apuestas sobre el genocidio de Gaza y sobre el nivel de escasez de alimentos que sufriría la población palestina. Y también han jugado sobre las probabilidades de que Israel matara, en un período acotado, al líder iraní Ali Jamenei. Todo muy instructivo y simpático.

Y resulta que también tiene un apartado – se llama «Mentions» – que permite jugar sobre las palabras o expresiones que se dirán en el discurso público de una determinada autoridad. Una tontería fenomenal que ya no viene de aquí. El mundo de las predicciones tiene dos vertientes: o pertenece al universo de la magia y la religión (desde la Sibila griega a los chamanes de la tribu) o bien se entronca íntimamente con los pícaros, que se aprovechan de algún truco para simular que pueden saber detalles del futuro. Es el caso de un personaje llamado Gabriel Pérez, encargado hasta hace poco de manejar el ‘teleprompter’ de Trump.

Sucedió exactamente lo que piensan: el tal Pérez apostaba en «Mentions» sobre seguro porque sabía exactamente lo que diría el presidente. Lo han pillado, como era previsible, y se ha quedado sin trabajo y con cara de tonto. De hecho, la idea de enriquecerse con información privilegiada la debió aprender de su jefe, que acaba de informar que su propia plataforma, Truth Social, será de pago para quien desee saber antes que nadie qué va a decir y qué va a hacer Trump. Los habrá que pagarán (y mucho) por este anuncio del oráculo. Ya sabíamos que especular con un futuro de cartas marcadas era fuente de negocio segura para amigos y familiares del presidente. Ahora, además, se institucionaliza. Pobre Pérez, él que solo jugaba con sus palabras.

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