Opinión | Tribuna
Messi en Roswell

Lionel Messi / .
El ser humano nunca llegó a la Luna, JFK fue asesinado por una conspiración, Roswell es un gran encubrimiento extraterrestre y, desde el pasado domingo, hay quien sostiene que Argentina perdió la final del Mundial porque una conspiración de la CIA y la FIFA obligó a los jugadores de la albiceleste a dejarse perder. Es lógico que sea así: ¿por qué otra razón, si no, los futbolistas argentinos no habrían chutado ni una sola vez a portería durante 90 minutos y toda una prórroga?
Las redes no dan abasto con tanta teoría de la conspiración alrededor de la final del Mundial. El fútbol ya es, de por sí, un terreno fértil para los conspiranoicos (todo buen hincha piensa que su equipo pierde por culpa del árbitro, no es una reacción exclusiva de los argentinos, ni mucho menos, es universal), pero lo de la final ha sido de Expediente X, nunca mejor dicho: una tormenta de teorías bizarras basada en el retorcimiento de la realidad, o en detalles tan nimios como la arenga de Messi al comenzar el partido, para ocultar un hecho sencillo: España jugó bien, mejor que Argentina.
Las teorías de la conspiración son tan atractivas porque son divertidas: explican los hechos como si detrás hubiera un plan oculto, simplifican la realidad caótica, apelan a las emociones y ofrecen consuelo. También nos dan la razón. Y tranquilizan: es más fácil vivir en un mundo injusto pero controlado por alguien (y por tanto racional) que en un universo complejo, tejido por múltiples causas y consecuencias. Son, además, el sueño de todo impostor y narcisista de redes sociales, un perfil muy habitual en internet, porque permiten alardear de conocimientos profundos y de haber visto lo que otros no ven, de saber que la verdad está ahí fuera, al alcance solo de quien sabe mirar.
Alrededor de la teoría conspirativa sobre la final del Mundial, miles de aficionados argentinos están compartiendo juntos el duelo de un torneo que parecía escrito para que ganara Messi. Por motivos sociales y políticos muy arraigados en el país, el fútbol es mucho más que fútbol, y la derrota es más fácil de sobrellevar dentro de la comunidad de la conspiración que en la sinceridad de su seleccionador, Lionel Scaloni, ejemplar desde el primer minuto tras el silbido final del árbitro. El sesgo de confirmación campa por sus anchas y las cámaras de eco digitales la convierten en creíble.
Y así, la imagen de Argentina como sociedad y país queda distorsionada: pendencieros en el campo, malos perdedores, lunáticos conspiranoicos. Una teoría de la conspiración de unos pocos muy ruidosos, amplificada por el algoritmo para beneficio de quienes lo controlan (aquellos que ya han dado por muertos a los medios y por obsoletos al periodismo y a los periodistas), acaba alimentando una distorsión, un mito y un prejuicio ajeno.
En el fútbol, este proceso es inofensivo. Al fin y al cabo, España no irá a la guerra con Argentina por este asunto, ni Javier Milei aprovechará el cambio de primer ministro en el Reino Unido para invadir las Malvinas con un estandarte de Maradona y Messi. Pero a otra escala, más local y por tanto más peligrosa, el mecanismo se repite en asuntos como la inmigración, la seguridad ciudadana o el acceso a los servicios públicos. Las teorías de la conspiración se nutren de la desconfianza hacia el discurso oficial, las instituciones, la ciencia y los marcos comunes de conocimiento y convivencia. Se cree que la Tierra es plana, que los Illuminati dominan el mundo, que el lago Ness está lleno de monstruos y que el Área 51 es mucho más que una mera estación de servicio en la autopista, y luego se retuitean vídeos falsos de altercados en el metro que acusan a emigrantes de delitos que no han cometido. No es inocuo. Y el mecanismo es el mismo.
En un mundo sin responsabilidad editorial, como el de las redes, cada usuario es un emisor, y cada mensaje compartido conlleva consecuencias. Las teorías de la conspiración alrededor de una final del Mundial pueden parecer menores, un divertimento, unas risas. Pero contribuyen a degradar el espacio público de conversación, igual que cualquier otro bulo, fake news o exageración. En este caso, su presencia casi acalla, o convierte en excentricidad, la conversación puramente futbolística sobre la final. Porque, al final, ¿a quién le interesa hablar de fútbol cuando habla de fútbol?
- Luto en la Jefatura de Policía de Baleares por la muerte de la inspectora Dolores Juan a los 45 años
- Estas son las principales carreteras de Mallorca que tendrán restricciones por el eclipse del 12 de agosto
- Son Espases afronta el eclipse con apenas margen en Urgencias: más de medio centenar de pacientes esperan cama para ser ingresados
- Los mallorquines se refugian en el único espacio natural costero de Palma: pipas, kayaks y catalán para seguir el eclipse
- El show de la Tramuntana durante el eclipse: flotadores en la carretera, picnics en las ‘marjades’ y extranjeros ‘pasando’ de la policía y las restricciones
- Una nube empaña el eclipse en Banyalbufar: «Los ricos también lloran»
- Llega el gran día del eclipse: 90 segundos para la historia de Mallorca
- Es Trenc amanece convertido en un «resort» improvisado
