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Opinión

Después del Mundial ('Panem et circenses')

Ferran Torres, tras lograr el gol en la final del Mundial ante Argentina

Ferran Torres, tras lograr el gol en la final del Mundial ante Argentina

Panem et circenses. Locución latina peyorativa que describe la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad.

Suele ocurrir cada dos años, al alternarse los Juegos Olímpicos y los Mundiales de fútbol masculinos. Inconscientemente, nos vamos pegando al televisor, hipnotizados. Las tertulias de bar, los comentarios de los diferentes influencers -qué pesadez, todo sea dicho-, van comentando las gestas o fracasos deportivos. Incluso la clase política o la Familia Real tira de medallas o victorias futboleras sin demasiado rubor.

Pero ya va siendo hora de sacudirse la modorra, e ir pensando hacia dónde va este país. Y, siendo sinceros: el panorama no es alentador. No por los personajes, sino por el triunfo de un determinado relato: el del catastrofismo, el del moi, ou le déluge, el de la utilización más que comprometida de instituciones que, hasta hace muy poco, creíanse imparciales. Mientras tanto, la imagen exterior del país puede estar denigrándose: deuda contraída con los inversores internacionales en energía solar y sentencia del TJUE sobre la Ley de Amnistía. Que se sepa, los dos últimos temas no los arregla un balón.

La fotografía no es para tirar cohetes: un partido gobernante mayoritario con diferentes casos de corrupción, a los cuales se les va poniendo más sordina mediática que castigo real, por otro lado. Sus socios de ejecutivo pluripartidista que, a día de hoy, rozan la irrepresentabilidad. Efecto Ciudadanos: de pisar ministerios a coquetear con la irrelevancia política. Todo, en menos de un quinquenio. Es lo que tiene la incoherencia de acción o el temor a no perder el sueldo oficial.

Ahora bien, el panorama es verdaderamente elocuente al examinar a los socios de coalición. Nacionalistas vascos y catalanes, conscientes de las próximas elecciones generales y, máxime, autonómicas. Su natural granero de votos y, por encima de todo, razón de ser como lobbies. Por ello, no tienen reparo en ir marcando territorio, tumbando leyes del Gobierno que dicen sostener, con el apreciadísimo apoyo del PP y Vox. Dejando pues, por ahora, al país sin Presupuestos Generales del Estado. Quizás no todo sea culpa de Pedro Sánchez, al fin y al cabo.

Pero donde Franz Kafka encontraría terreno abonado es en la política opositora del Partido Popular y de Vox. Especialmente el primero, donde Núñez Feijóo siente en la nuca el pesado aliento de la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, y, por ende, de la Fundación FAES del expresidente José María Aznar González. Por su parte, a Santiago Abascal le empiezan a crecer los enanos. En plena expansión de su formación. Cuando mejor lo tiene para -quizás- llegar a ser vicepresidente del Gobierno. Pero la lenta y sistemática fuga de cerebros del partido verde oliva presagia dificultades. La pregunta que no pocos se hacen es si realmente Vox dispone de cuadros instruidos para la gestión a gran escala.

Pero mientras tanto, todos estamos contentos por el gol de Ferran, las cabalgadas de Cucurella, el cerrojo de Pau Cubarsí o el auténtico muro de Unai.

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