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Opinión

Teatro de sombras

Manuel Marchena.

Manuel Marchena. / EFE

En mayo de 2019, la filósofa Marina Garcés fue llamada como testigo por parte de la defensa de Jordi Cuixart en el juicio del procés. Su cometido era aportar contexto sociológico al ambiente de movilización ciudadana durante el otoño de 2017. Cuando trató de explicar su impresión personal del momento, el presidente del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, la cortó de modo implacable: «No viene aquí para expresar su apreciación de su estado febril ni su grado de alucinación». Resultó desconcertante tanta inclemencia con Garcés cuando el mismo juez había permitido que guardias civiles que participaron en la represión del 1-O se explayaran sobre sus sensaciones. Así, hubo agentes que vieron en los rostros de la gente un «odio reflejado que nunca había visto en mi vida profesional» o afirmaban que se «masticaba odio y rabia». Para aquel tribunal, el valor de las emociones de los testigos policiales fue mayor que el de una persona dispuesta a poner palabras al sentimiento de una parte de la ciudadanía.

Como una suerte de eco, en el juicio al fiscal general del Estado, el Supremo ignoró las declaraciones de seis periodistas que desvinculaban de las filtraciones al finalmente condenado. Y, de nuevo la resonancia, en el juicio de la Audiencia Provincial de Badajoz contra David Sánchez se desoyeron y desestimaron los testimonios de 42 testigos que hubieran dado aire a la defensa. Por el contrario, el testimonio de una directora de orquesta que compitió por la plaza de Sánchez y se sintió en desigualdad de oportunidades o la teoría de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre una labor cultural «innecesaria» sí fueron tenidos en cuenta.

Hay algo inquietante en el reiterado descrédito a los testigos cuando parece no ajustarse a un guion previo. Sus figuras, transformadas en meras sombras negras. Y, en un juego teatral, el tribunal decidiendo sobre quién proyecta la luz. Sin duda, el espectáculo es grato para algunos. Pero en la platea de la democracia, cunden la sospecha y la indefensión.

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