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Opinión | Tribuna

Escuela de calor

Arde la calle al sol de poniente/ Hay tribus ocultas cerca del río/ Esperando que caiga la noche/ Hace falta valor, hace falta valor/ Ven a la escuela de calor!

Radio Futura 1984

Un hombre se refresca en una fuente pública. Las temperaturas son ya extremas en muchos lugares del país e incluso de madrugada no han descendido de los 30 grados en muchos lugares mientras España se prepara para afrontar, a partir de mañana y al menos hasta el próximo martes.

Un hombre se refresca en una fuente pública. Las temperaturas son ya extremas en muchos lugares del país e incluso de madrugada no han descendido de los 30 grados en muchos lugares mientras España se prepara para afrontar, a partir de mañana y al menos hasta el próximo martes. / David Arjona / EFE

No hablábamos de sostenibilidad, tampoco de olas de calor, o de los gases de efecto invernadero, o del fenómeno climático El Niño, aún tardaríamos más de tres décadas en fijarnos el límite de 1,5°C de calentamiento global sobre los valores preindustriales en París 2015.

Y aun así, instalábamos toldos y persianas, encalábamos las paredes, hacíamos siesta sagrada en penumbra con sesión de tarde, en foravila si tocaba salir nos poníamos el capell, y entre todos gastábamos muchísima menos agua que hoy, también muchísimos menos litros por persona, y todos sabíamos lo que era un botijo.

En ese 1984 éramos en este planeta aproximadamente la mitad de humanos que hoy (1984: 4.700 vs 2026: 8.300 millones) y en estas cuatro décadas en Mallorca hemos pasado de 570 a 980 mil habitantes (¡+72%!). Los humanos del 2026 consumimos por persona mucho más, de más cosas, y de más sitios, que en aquel remoto 1984. Este crecimiento exponencial en todas las direcciones y hacia todos lados no ha sido inocuo. Este crecimiento ha tenido y tiene consecuencias. Y no todas positivas. Hoy sudamos mucho más que en 1984.

Bienvenidos a la Escuela de Calor.

¿Qué es el calor?

En términos físicos, el calor no es más que energía en movimiento: partículas que se agitan y contagian su agitación a las vecinas. En Mallorca, el calor tiene además un cómplice-aliado que nos complica aún más el día a día del verano: la humedad. Todos sabemos que no es lo mismo 40 °C secos en el interior peninsular que 35 °C pegajosos junto al mar. La humedad dificulta la evaporación del sudor y, sin esa evaporación, no hay refrigeración natural del cuerpo.

Fuentes de calor activas

(donde se fabrica el calor). La principal, sin discusión, es el Sol. La tierra también genera calor que aprovechamos en geotermia, pero en la superficie, donde vivimos, ese calor podemos ignorarlo. Después vienen todos los aparatos y procesos donde consumimos energía: coches, motos, camiones, buses, barcos, aviones, cocinas, hornos, secadoras, focos, centros de datos, etc. Casi toda la energía que quemamos acaba transformándose en calor. También aplica a los humanos: cada persona equivale a unos 100 W de potencia térmica. Una habitación llena de gente es una habitación llena de radiadores.

Fuentes de calor pasivas

(donde se almacena y se irradia el calor). Aquí hablamos de la inercia térmica de los materiales. Materiales tales como el hormigón, el acero, la piedra, etc. se convierten en baterías térmicas que acumulan radiación solar durante el día y la devuelven por la noche. Los edificios con cubiertas y fachadas oscuras o acristaladas actúan como invernaderos. Las calles oscuras, los vehículos de combustión y los aparatos de climatización también aportan calor a las ciudades. Este fenómeno se denomina isla de calor. Las noches infernales son peores en lugares urbanos, de escasa vegetación y poca sombra, que en foravila. Ah, no nos olvidemos del mar, el almacén térmico más grande del planeta: absorbe energía térmica en verano y la libera en invierno. El problema es que cada vez este almacén de calor está más lleno. ¡Ojo danas!

Transportadores de calor

(los que mueven el calor). El viento, el agua, la sangre, un ventilador, un aire acondicionado no crean calor (o frío), simplemente lo mueven de un sitio a otro. Los sistemas de climatización y refrigeración no producen frío. Lo que hacen es extraer el calor de una vivienda, de un vehículo o de una cámara de congelados y lo expulsan al exterior. Nuestro trasportador de calor favorito del verano es l’embat, esa brisa marina que se genera cada mediodía cuando la convección en el interior de la isla arrastra aire marino más fresquito desde la costa. Si seguimos calentando el mar, no habrá diferencial de temperatura suficiente y nos quedaremos sin embat...

¿Cómo refrescarnos?

Mójate. Al evaporarse, el agua roba calor de la piel. Piensa en un botijo: al evaporar poco a poco microgotas por su pared de arcilla mantiene fresco su interior sin gastar energía. Be a botijo, my friend!

Utiliza el blanco. Los colores claros reflejan más la radiación solar (efecto albedo). Techo blanco, ropa clara, coche blanco, suelo claro, etc.

Primero sombra, luego frío. Un parasol, un gorro, un reflector, un toldo, una pérgola, un árbol o una persiana mallorquina bloquean el sol antes de que entre. Es mucho más eficiente evitarlo pasivamente que expulsarlo activamente con energía.

Ventilación natural primero, artificial después.

Deshumidifica primero, refrigera después. Menos humedad mayor confort térmico.

Evita humos. Toda combustión genera calor. Un 75% de la energía que consume un coche se pierde como calor. Bombas de calor, cocina de inducción o vehículo eléctrico son más eficientes y generan menos calor.

La siesta no es de vagos. Es de gente sensata.

Lecciones muy anteriores a 1984 pero más necesarias que nunca.

Arde la calle al sol de poniente.

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