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Opinión

¿Pasar página?

Salvador Illa, president de la Generalitat de Catalunya

Salvador Illa, president de la Generalitat de Catalunya / ZOWY VOETEN

Como era previsible, ahora ya sabemos que el referéndum no hizo tambalear las cuentas europeas, ni afectó al PIB de la Unión. Y tampoco fue un acto contrario a la lucha contra el terrorismo, es decir, no fue una acción que atentara contra los fundamentos de la democracia a causa de una violencia contra ciudadanos o instituciones. El TJUE avala la medida de gracia (la «ley española de amnistía para la normalización de Catalunya») y, en buena parte, también se coloca junto a quienes, después de todas las vicisitudes vividas, abogan por darle la vuelta al impulso de aquel proceso (casi diez años) hacia unas vías de relación política que ayuden a pasar página. Esta es la formulación que el Gobierno español utiliza con más énfasis: pasar página. O, en la versión catalana de Salvador Illa: «reencuentro, diálogo y convivencia».

Lo más diáfano, sin ninguna duda jurídica, es que el revuelo de las instancias judiciales (desde el Tribunal de Cuentas al Supremo), cargado de subterfugios y de excusas de mal pagador, se deshace miserablemente ante las obviedades que menciona, recalca y certifica el tribunal europeo. No hay razón alguna (y eso lo dice Illa) para la dilación en la ejecución en casa de la sentencia comunitaria. Es un pilar indiscutible de la estructura jurídica al que deben someterse, por la fuerza de los hechos, los jueces españoles.

Cada vez que se reclama esta adecuación (y hoy más que nunca) a una instancia superior, en el fondo existe la duda de que todo acabe siendo rápido y automático, porque la confianza en los tribunales españoles es mínima. La anunciada reconciliación, es decir, el retorno de Puigdemont, la habilitación política y la anulación de procedimientos y penas a independentistas, sufrirá severas grietas cada día que pase sin una concreción efectiva. ¿Servirá todo para pasar página? ¿En qué consiste exactamente ese dejar atrás un pasado tormentoso? ¿Desaparecerá del panorama social la pulsión de entonces? ¿No habrá tensiones? Ya veremos. En cualquier caso, la simbología del retorno es suficientemente potente como punto de inflexión.

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