Opinión

Escritor y librero
Muy lejanos
El desequilibrio más grande en nuestra tierra es una sociedad que proyecta una insalvable distancia entre lo que dice y lo que hace

El turista, esa persona y su familia no son responsables de nuestra ineptitud. / B. Ramon
Se oyen los ladridos de un perro en la noche. Y se oye bajar hacia la ciudad una moto dando gas a bastante velocidad que también se va desvaneciendo. A ratos bien largos, de las miles de almas que aquí duermen no se oye una mosca. Hasta que no lleguen las lluvias, con las primeras tormentas, las ovejas no se dejan oír. Están del todo extenuadas, languidecen en el suelo agonizando como la tierra a la espera de que su amo llegue con algo seco cuando más necesitan del verde. Leales al ruido del motor se levantarán al escucharlo de cerca. Temen, o temían, al lobo pero será su propio pastor quien se las coma o las venda para el sacrificio. En Mallorca no hay ni hubo lobos, pero ustedes supongo que ya entienden por dónde vamos. Mientras en el Parlament discuten si las ranas croan o rauquen, en los días siguientes la luna embellecerá hasta los rincones más cutres y urbanísticamente arrasados. Ángulos de luz y de sombra en la frontera entre la tiniebla y lo que algunas veces brilla. Las calles desiertas pero llenas de calma. Así de golpe una estrella cae y se desintegra al entrar sus restos en la atmósfera. No había nada y de repente una chispa de luz (así es la vida) momentánea te recuerda lo ligeros de equipaje que acabamos yendo al final. ¿...pero al final de qué? Pues vaya usted a saber, pero al final, todo recto.
Definitivamente el ángulo de la ventana se inunda de luz y la luna blanquea una parte de la habitación (moralmente lo acaba blanqueando todo, hasta lo más negro) es de madrugada y la otra mitad seguirá escrupulosamente en penumbra. El mismo perro emite ahora su ladrido de forma más dispersa como de que también va declinando hacia el sueño y poco le importa lo que se mueva ahí fuera. Los gatos, esa banda de silenciosos ladrones, deambulan por las calles más ocupados en el sexo que en cazar ratas, su celo hoy ya dura todo el año. Las marcas en las orejas demuestran el ajetreo nocturno para defender sus imaginarios dominios. La Osa mayor va girando sobre el Teix hasta sumergirse en el mar. Se oyen los pasos de alguien que vuelve a casa en la madrugada. Un grillo anima un poco la cosa. El recuerdo de la costumbre del Llevant mallorquín de meterlos en una liliputiense jaula a su medida, para luego colgarla debajo del colchón y así perpetrar una tremenda inocentada. La persona afectada no pegará ojo y se verá desbordada con el bicho recitando en casa y debajo del mismo lecho, sin poder alcanzarlo en el suelo. Una de las más típicas y antiguas bromas de las que en nuestras islas antes se llevaban a cabo a menudo. Cuando funciona es bastante pesada. Realmente este insecto hace más llevadera la noche tropical, pero quedan partidos sus versos cuando arrastran maletas las personas que siguen entrando en Mallorca a cualquier hora y van ocupando casi furtivamente sus alquileres. No, no estoy insinuando nada. Además, nos han puesto en la tesitura de que hoy el mundo se divide en territorios o países donde por el aire cruzan misiles que descuartizan personas o las desintegran, muchas veces niñas y niños impunemente, y países donde hay turismo y, lo siento, donde hay turismo no suelen cruzar el cielo esos proyectiles de los cuales alguien es responsable de su eficacia. Donde hay turismo suele haber turistas, ruido, descanso, gastronomía, ocio, etc… Qué poco me estoy mojando ¿... verdad? Lo que faltaba, ahora este es condescendiente con la destrucción de la isla que parece que ha empezado hace un rato… pues no crean, aunque llegan ustedes tarde. Además, el turista, esa persona y su familia no son responsables de nuestra ineptitud y mala gestión y ustedes también van, han ido o irán, de crucero a Florencia. El desequilibrio más grande aquí, en nuestra tierra, aquí y en casa, es la estupidez y la consolidada hipertrofia de la coherencia en una sociedad que siempre proyecta una insalvable distancia entre lo que dice y lo que realmente termina haciendo. Cuando oyes arrastrar esas maletas por los callejones que estaban en paz ya no oyes ladrar a ese perro lejano y reconfortante desde la cama, pero ese no es el problema. Ahora ya han despertado el vecindario y es tarde, ya va clareando. Además, levántate, no olvides que eres el jardinero y hoy debes reponer los perdigones de la escopeta de aire comprimido. El director del hotel te va a volver a llamar, ha recibido quejas, no han podido dormir unos clientes que dicen no pegar ojo por las ranas del estanque. (No le des a los nenúfares o te van a descontar del sueldo). Deberás matarlas a tiros, una a una. Despierta chaval, ni te aburres, esto no estaba en los temarios de tu FP. Ánimo, valiente.
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