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Opinión | Tribuna

Miquel Cardona

Miquel Cardona

Director de IBDigital

Tecnología para una Administración más fácil

Paquetes de Amazon en un almacén.

Paquetes de Amazon en un almacén. / DM

Hoy podemos saber en tiempo real dónde está un paquete enviado desde la otra punta de Europa, comprobar cuánto tardará en llegar un autobús o realizar una transferencia desde el móvil en pocos segundos. Sin embargo, cuando presentamos una solicitud ante la Administración, no siempre sabemos en qué punto se encuentra, qué falta para resolverla o cuándo recibiremos una respuesta. Reducir esa distancia entre la vida digital que ya tenemos y los servicios públicos que necesitamos es uno de los grandes retos de nuestro tiempo.

A menudo pensamos en la tecnología como algo que tiene que ver únicamente con ordenadores, aplicaciones o inteligencia artificial. Pero, en realidad, su verdadero valor está en todo aquello que hace posible sin llamar la atención. Que una cita médica pueda gestionarse correctamente, que una ayuda llegue a tiempo o que una empresa pueda completar un trámite de forma sencilla depende también de que exista una infraestructura tecnológica sólida, segura y bien coordinada.

Durante años la transformación digital de las administraciones públicas se ha asociado a una idea muy sencilla: facilitar la vida de las personas. Menos papeleo. Menos desplazamientos. Menos tiempo perdido. Más comodidad y más agilidad a la hora de relacionarse con la Administración.

Y esa sigue siendo la verdadera razón de ser de la tecnología. Porque digitalizar no consiste en incorporar más herramientas, más aplicaciones o más plataformas. Consiste en resolver problemas. En simplificar procesos. En hacer que las cosas sean más fáciles para quienes las utilizan.

Pero también consiste en construir unos servicios públicos más eficaces, capaces de anticiparse a las necesidades de la ciudadanía, coordinar mejor los recursos disponibles y ofrecer respuestas de mayor calidad. La tecnología no sustituye a las personas ni a las organizaciones; las ayuda a trabajar mejor y a generar un mayor valor para la sociedad.

Sin embargo, cuanto más dependemos de los servicios digitales, mayor importancia adquiere protegerlos. Porque facilitar el acceso a la Administración ya no basta si no somos capaces de garantizar que esos servicios sean fiables, resilientes y seguros. La mayoría de nosotros hemos recibido alguna vez un SMS que suplanta a una entidad bancaria, un correo electrónico fraudulento o un mensaje que intenta obtener nuestros datos personales haciéndose pasar por una organización legítima. Según datos del Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE) solo durante 2025 se gestionaron en España más de 122.000 incidentes de ciberseguridad. Por eso hoy la transformación digital ya no es solo una cuestión de comodidad. También es una cuestión de confianza.

Los ciudadanos esperan que la Administración sea más sencilla y más cercana. Pero también esperan que funcione. Que sus datos estén protegidos. Que los servicios digitales estén disponibles cuando los necesiten. Que detrás de cada trámite exista una organización capaz de responder.

IBDigital nace precisamente para que toda esa infraestructura funcione de forma coordinada, segura y eficiente. Para ello, reúne bajo una misma estructura el talento tecnológico que ya existía dentro del Govern de les Illes Balears y refuerza la capacidad de la Administración para prestar mejores servicios a la ciudadanía. Más de 400 profesionales que durante años han trabajado para garantizar el funcionamiento diario de sistemas, comunicaciones y servicios esenciales forman hoy parte de una misma organización con un objetivo común: construir una Administración más sencilla, más segura y preparada para los desafíos del futuro.

Porque uno de los errores más habituales cuando hablamos de transformación digital es pensar que todo depende de la tecnología. En realidad, depende sobre todo de las personas. Del conocimiento acumulado durante años. De la experiencia. De la capacidad de coordinar esfuerzos y trabajar con una visión compartida.

La mejor tecnología es, muchas veces, la que no vemos. La que funciona en silencio. La que evita problemas antes de que aparezcan. La que nos permite resolver una gestión sin complicaciones o acceder a un servicio sin preguntarnos qué ocurre detrás.

Ese es, probablemente, el verdadero reto de la transformación digital en la Administración: que los ciudadanos no tengan que pensar en la tecnología. Que simplemente perciban que las cosas funcionan mejor. Porque la tecnología no tiene valor por sí misma, lo tiene cuando nos ahorra tiempo, nos evita obstáculos y nos facilita la vida.

Y ese es precisamente el propósito que da sentido a IBDigital, y también la obligación que asumimos. Nuestro trabajo deberá medirse menos por el número de nuevas herramientas que incorporemos y más por los problemas que consigamos resolver: menos trámites innecesarios, menos incertidumbre, tiempos de respuesta más cortos y servicios públicos más seguros. Porque la tecnología no demuestra su valor cuando se presenta o se anuncia, sino cuando funciona, protege y consigue devolver tiempo a las personas.

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