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Opinión

Mallorca entre dos manifestaciones, las formas también importan

Imagen de la protesta en es Trenc

Imagen de la protesta en es Trenc / Ana B. Muñoz

Mallorca ha alcanzado un consenso que hace apenas unos años parecía imposible. La saturación ya no es un diagnóstico exclusivo del ecologismo ni de determinados sectores sociales. Hoy existe una percepción ampliamente compartida de que la isla ha sobrepasado determinados límites y de que el actual modelo de crecimiento exige una revisión profunda. Lo reconoce buena parte de la ciudadanía, lo admiten las instituciones y lo asumen, con matices, la mayoría de fuerzas políticas. Ese consenso es un activo extraordinario para avanzar en la transformación. Lo preocupante es cuando el debate deja de girar en torno a las propuestas para quedar secuestrado por los gestos. Eso ocurrió el pasado domingo en Es Trenc, que concentró a diez mil personas en una cadena humana crítica con los cambios legislativos en torno a ese icónico paraje natural y con la disociación entre discurso y acción política por parte del Govern. La irrupción de la alcaldesa de Campos durante la lectura del manifiesto fue un error impropio de quien representa una institución, censurado incluso por la presidenta balear, del mismo pueblo y del mismo Partido Popular. Se puede discrepar del contenido de la protesta, pero no interferir en el desarrollo de una concentración autorizada que logró un amplio respaldo social.

Sería igual de equivocado pasar por alto el otro gran error de estos días. El denominado manual de resistencia difundido desde Menys Turisme, Més Vida, e impulsado por Arran, hace un flaco favor a la movilización del 26-J promovida por dicha plataforma. Invitar a realizar pintadas, inutilizar cerraduras con silicona o acosar negocios vinculados al turismo es una estrategia tan equivocada como contraproducente. No solo porque esas prácticas tensan la convivencia democrática y pueden derivar en comportamientos delictivos, también porque representan un auténtico regalo para quienes desean desacreditar cualquier crítica al actual modelo. En lugar de hablar de saturación, vivienda o límites, la conversación se desvía al manual. El debate pierde altura y la causa corre el riesgo de perder representatividad. La amplia reprobación lo dice todo. No solo el Govern, la Delegación del Gobierno, las patronales o el despacho que lo ha llevado a la vía penal, también han marcado distancia organizaciones de la propia plataforma, desde CCOO y UGT a GOB y Terraferida. Por más que el portavoz de Menys Turisme, Més Vida alegue “la violencia se ejecuta desde arriba” en forma de desahucios, gentrificación, desplazamiento de la población residente, saturación de los servicios, colapso de las infraestructuras y erosión de los recursos, entre otros padecimientos absolutamente reales que soporta la ciudadanía y que exigen políticas valientes y no relatos para ser afrontados, la fractura interna provocada por ese documento evidencia que hay límites también en la protesta que no deben sobrepasarse. Ni el plante protagonizado por la alcaldesa de Campos en Es Trenc ni el manual de resistencia representan el sentir mayoritario de la sociedad mallorquina. La inmensa mayoría reclama cambios, sí, pero también reclama civismo, diálogo y respeto. Porque solo así será posible transformar un consenso sobre el diagnóstico en un acuerdo capaz de construir soluciones compartidas. Las formas nunca son un asunto secundario. En política, muchas veces determinan el alcance del fondo.

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