Opinión | Tribuna
Mallorca ha llegado tarde. Ahora toca decidir
Todo éxito lleva consigo una responsabilidad. Y cuanto mayor es el éxito, mayor es también la obligación de gestionarlo bien

Mallorca ha llegado tarde. Ahora toca decidir / ILUSTRACIÓN DE CHATGPT
Hace poco defendía en estas mismas páginas que Mallorca había llegado tarde para afrontar el problema de la saturación. Hoy creo que ha llegado el momento de dar un paso más. El debate ya no consiste en discutir si existe o no un problema. El verdadero reto es decidir cómo queremos gestionar el enorme éxito que ha tenido nuestra isla.
Porque conviene decirlo sin complejos: el turismo no es nuestro fracaso. Ha sido, probablemente, nuestro mayor éxito colectivo.
Gracias al turismo, Mallorca ha prosperado, ha creado empleo, ha atraído inversión y se ha convertido en uno de los destinos más admirados del mundo. No deberíamos pedir perdón por ello. Al contrario, deberíamos sentirnos orgullosos.
Pero todo éxito lleva consigo una responsabilidad. Y cuanto mayor es el éxito, mayor es también la obligación de gestionarlo bien.
Una isla que recibe millones de visitantes cada año necesita infraestructuras preparadas para soportar esa presión. Necesita carreteras en buen estado, un transporte público eficiente, espacios públicos cuidados, playas limpias, un litoral protegido y unas administraciones capaces de responder con rapidez y eficacia a los problemas cotidianos. Ahí es donde creo que debemos centrar el debate.
Otros grandes destinos europeos ya han entendido esta realidad. Ámsterdam ha reforzado su fiscalidad turística. Venecia ha implantado una tasa de acceso para determinados visitantes de un solo día. Barcelona ha planteado incrementar la tributación aplicable a los cruceristas. Cada ciudad ha elegido un camino distinto, pero todas parten de una misma idea: conservar un destino excepcional requiere recursos suficientes y una gestión responsable.
Mallorca debería participar en ese debate con naturalidad.
La ecotasa fue una decisión acertada cuando se implantó. Quizá haya llegado el momento de revisarla. No hablo únicamente de su importe. Hablo también de su funcionamiento, de su alcance y, sobre todo, de la forma en que la explicamos a la sociedad.
Me gustaría que dejáramos de verla como un impuesto al turista.
Prefiero entenderla como la contribución que realiza quien nos visita para ayudar a conservar el lugar que ha elegido disfrutar.
Pero cualquier revisión de la ecotasa solo tendría sentido si va acompañada de una condición irrenunciable: la transparencia.
Propongo que el Govern publique cada seis meses un informe público, fácilmente accesible y auditado, donde cualquier ciudadano pueda conocer cuánto dinero ha generado la ecotasa y en qué actuaciones concretas se ha invertido hasta el último euro.
No existe una solución única. Habrá que mejorar el transporte público, ordenar la movilidad, revisar el modelo de alquiler turístico, proteger mejor el territorio, planificar nuevas infraestructuras y estudiar si la fiscalidad turística debe adaptarse a la realidad actual. Ninguna de estas medidas resolverá por sí sola el problema. Juntas, sí pueden formar parte de una estrategia coherente.
Mallorca no debe aspirar simplemente a recibir más turistas.
Debe aspirar a recibir el mejor turismo posible.
Y también debemos exigir a nuestras administraciones la misma excelencia que admiramos en muchas de nuestras empresas. Si queremos seguir siendo un destino de referencia mundial, nuestra gestión pública debe estar a esa altura.
No escribo estas líneas para alimentar la confrontación ni para señalar culpables.
Las escribo porque quiero profundamente esta isla y porque sigo convencido de que todavía estamos a tiempo de hacer las cosas mejor.
No tengo la pretensión de tener todas las respuestas. Pero sí creo que todos tenemos la obligación de hacernos las preguntas adecuadas y de aportar, desde nuestras posibilidades, propuestas razonables, viables y transparentes.
El problema de Mallorca no es haber tenido éxito.
El verdadero desafío consiste en administrarlo con inteligencia, con transparencia y pensando también en quienes vivirán aquí dentro de veinte o treinta años.
Defender Mallorca no significa poner puertas al turismo. Significa cuidar aquello que ha hecho posible ese éxito.
El verdadero lujo de Mallorca nunca ha sido únicamente la calidad de sus hoteles, de sus puertos deportivos o de su extraordinaria gastronomía.
El verdadero lujo siempre ha sido la propia isla.
Nuestra obligación es conseguir que quienes vivan aquí dentro de treinta años puedan seguir sintiendo el mismo orgullo que sentimos hoy al llamarla nuestro hogar.
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