Opinión | Tribuna
Señalar al pequeño empresario, una peligrosa irresponsabilidad

El pequeño comercio de Mallorca vive una situación comprometida. / B. Ramon
Mallorca está cansada. Sería absurdo negarlo y profundamente irresponsable mirar hacia otro lado. Hay malestar por la vivienda, preocupación por la saturación de determinados espacios y una sensación creciente de que nuestra isla ha cambiado demasiado deprisa. Quienes representamos al comercio de proximidad también vivimos aquí. Sufrimos los atascos y vemos con angustia cómo nuestros hijos se preguntan si algún día podrán acceder a una vivienda. No somos ajenos al debate. Somos parte de él.
Precisamente por eso, porque el problema es real y grave, Mallorca merece respuestas serias. Lo que no merece es un manual que señale negocios, inmobiliarias o viviendas, explique cómo actuar sobre propiedades ajenas y recomiende ocultar la identidad, cubrirse el rostro o evitar cámaras y presencia policial. Llamemos a las cosas por su nombre: cuando para defender una causa se enseña cómo no ser identificado, se cruza una línea que ninguna democracia debería banalizar.
Me preocupa el documento difundido por Arran y Menys Turisme, Més Vida. Pero me preocupa aún más la frivolidad con la que algunos minimizan sus consecuencias. Justificar una acción porque «el daño es mínimo» es de una enorme irresponsabilidad. ¿Quién decide cuánto daño puede soportar el negocio de otro? ¿Quién pone precio a limpiar una fachada o reparar una cerradura? ¿Y quién mide el miedo de abrir al día siguiente sabiendo que alguien ha convertido tu local en una diana?
Porque, detrás de una persiana, hay personas. Detrás de un escaparate hay familias. Y detrás de muchos negocios vinculados directa o indirectamente al turismo no hay fondos de inversión ni grandes corporaciones. Hay autónomos, comerciantes y pequeños empresarios que soportan alquileres cada vez más altos, compiten con gigantes de internet y hacen números para mantener sus negocios abiertos.
Desde AFEDECO conocemos sus nombres y sus historias. Sabemos lo que cuesta levantar una persiana cada día, las noches sin dormir cuando las cuentas no salen y el esfuerzo de generaciones enteras por mantener vivo un comercio. Por eso duele, y también indigna, que se pretenda convertir a empresas y negocios en culpables colectivos de problemas que llevan décadas gestándose.
Y no nos engañemos: el daño no se mide solo en euros. Se mide en inseguridad, en miedo y en la sensación de que cualquiera puede decidir que tu negocio representa todo aquello contra lo que quiere luchar. Hoy es una pintada que algunos califican de mínima. Mañana, ¿qué será? Las instituciones y las entidades sociales tenemos la obligación de ser rotundas antes de que la intimidación se normalice como una forma más de protesta.
No quiero una Mallorca en la que el encapuchamiento se presente como herramienta de reivindicación. No quiero una sociedad donde el anonimato sirva para señalar al vecino. Y no quiero que nuestros jóvenes reciban el mensaje de que la legitimidad de una causa permite sobrepasar las reglas básicas de convivencia.
Sí, debemos hablar del modelo turístico. Debemos discutir de límites, vivienda, movilidad, recursos y crecimiento. Podemos discrepar, salir a la calle y exigir valentía a las administraciones. Podemos hacerlo porque vivimos en una democracia. Pero la democracia también exige responsabilidad. Y hay una diferencia muy clara entre protestar y enseñar a actuar contra los bienes de otros procurando no ser identificado.
Desde AFEDECO defenderemos siempre el diálogo, también el incómodo y con quienes mantienen posiciones radicalmente opuestas a las nuestras. Mallorca necesita menos trincheras y más capacidad para sentarnos alrededor de una mesa. Pero diálogo no significa silencio ni equidistancia. Lo que no aceptaremos es que el pequeño empresario vuelva a convertirse en el culpable fácil.
Nuestros comerciantes no son el enemigo. Son nuestros vecinos. Son quienes encienden las luces de nuestros pueblos cada mañana, conocen a sus clientes por su nombre, colaboran con las fiestas y mantienen vivas nuestras calles. Defender Mallorca también es defenderlos.
Y frente a cualquier intento de señalarlos o intimidarlos, AFEDECO estará a su lado. Con firmeza, sin complejos y con toda la fuerza de una organización que sabe a quién representa. Ninguna Mallorca mejor puede construirse desde el miedo. Porque cuando para defender una isla empezamos a atacar a quienes viven y trabajan en ella, quizá deberíamos preguntarnos si no hemos perdido completamente el rumbo. n
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