Opinión
La vieja cárcel de Palma quiere ser vivienda

Ajuntament de Palma
Es común que en terrenos que ocuparon antiguas cárceles se construyan promociones de todo tipo, pero no tanto que la vieja arquitectura carcelaria, con su carácter oscuro y opresivo, pueda ser reconvertida en espacios para vivir y desarrollar una vida digna, ni siquiera en tiempos de minipisos y microsueldos.
Por eso, la propuesta del Ayuntamiento de Palma para transformar la vieja prisión de la carretera de Sóller en viviendas parece interesante desde el principio por el reto que plantea: un cambio de uso radical.
Con un concepto general de coliving, con servicios compartidos, como comedor, gimnasio, piscina o lavandería, y pensado para alquileres de duración limitada, el complejo residencial distribuiría, según explicó esta semana el alcalde, Jaime Martínez, 139 unidades habitacionales temporales de entre 16 y 40 metros cuadrados, destinadas a médicos, funcionarios, investigadores, profesores universitarios y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que a menudo rechazan Mallorca como opción de vida y trabajo por el alto coste de la vivienda.
La reforma derribaría los muros del viejo presidio franquista, abierto en 1955 y clausurado en 1999, pero mantendría, según los primeros bocetos, su estructura panóptica, o en estrella, clásica de la época, que permitía a los vigilantes el control total de las galerías desde un punto central. La reconversión deberá enfrentarse a muchas dificultades añadidas, empezando por el estado ruinoso del edificio, su destartalada cubierta de fibrocemento, los pesados muros interiores, con los que habrá que solucionar su nueva distribución, y la necesidad de adaptar todo el viejo inmueble a la normativa actual, intentando que lo que fue concebido como un espacio de castigo pueda llegar a ser acogedor. Y en conexión con el entorno, no aislado.

Estado actual de la fachada de la vieja carcel de Palma / Miguel Vicens
Existen algunos ejemplos que revisar. Rotterdam convirtió en 2021 una prisión de finales del siglo XIX, en el barrio de Noordsingel, en un complejo residencial de viviendas de tamaños muy variados y precios desde los 200.000 euros, cuyo proyecto de recuperación unió dos barrios de la ciudad gracias a una gran zona verde. El reformatorio de Lorton, en Virginia (Estados Unidos), de principios del siglo XX, fue reconvertido en 2017 en apartamentos de uno y dos dormitorios en alquiler, con servicios comunes, gimnasio, piscina y jardín. Y un antiguo centro de detención juvenil del Bronx, en Nueva York, está siendo transformado ahora en una comunidad urbana de viviendas asequibles con reservas para espacios comerciales.

Los muros exteriores de la vieja cárcel de Palma serán derribados / Miguel Vicens
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