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Opinión | Tribuna

¡Cuidaos de los economistas... neoclásicos!

¡Cuidaos de los economistas... neoclásicos!

¡Cuidaos de los economistas... neoclásicos! / Chat GPT

El doctor Fernando López Castellano profesor en la Universidad de Granada ha publicado recientemente un artículo demoledor contra la política que se ha instalado en los departamentos universitarios y que puede definirse con el lema «publica o perece». Si un profesor joven aspira a progresar en su profesión, no tendrá más remedio que conseguir el plácet de los consejos de redacción de determinadas revistas académicas. La lógica que se desprende a primera vista choca con la dinámica que se crea, entre la necesidad de publicar y el sometimiento a los dictados de la línea de las principales revistas y se genera lo que López Castellano llama «paupergnosia», es decir pérdida de rigor e irrelevancia de las investigaciones.

En los estudios de economía es donde mejor se manifiesta esa presión. Si no se consigue publicar en alguno de los Top Journals de la disciplina, la gran mayoría del ámbito anglosajón, la promoción de los egresados siempre se verá comprometida por rivales que invariablemente son cooptados en función de criterios ideológicos. El bloque dominante se refuerza así con criterios de afinidad y fidelidad. Pero, ¿que tienen de especial esas revistas y por qué la sumisión a las mismas de la mayoría de agencias de evaluación y departamentos de economía?

Cuando me licencié en los años ochenta, la valía de los grandes maestros en Economía e Historia Económica, se calibraba en función de sus grandes aportaciones, es decir, los libros. Textos profundos en los que se desarrollaba in extenso una tesis. Hoy en día, se siguen escribiendo libros, pero lo que únicamente se valora en concursos de méritos son artículos que hayan sido publicados en revistas que lógicamente representan una manera de ver y explicar el mundo y que se inscriben invariablemente en la corriente neoclásica, que se define así misma pomposamente como ciencia económica o mainstream como si entorno a ella se articulara la verdad verdadera de la economía.

La llamada economía neoclásica, domina con mano de hierro los departamentos universitarios y obtiene réditos sin cuento de su cercanía a los centros de poder económico. Su función hace tiempo que dejó de ser científica para devenir puramente justificativa. Tras la crisis del 2007-2009, podría pensarse que una cura de humildad sacudiría a los neoclásicos, sin embargo, lo que podemos observar es todo lo contrario. Los «neos» se han refugiado una vez más en parámetros técnicos: álgebra o programación, para anclar su fe en las bondades del mercado en equilibrio. Su papel en la divulgación de teorías acientíficas y ahistóricas se ve retroalimentado en el círculo vicioso de las publicaciones más valoradas que, a su vez, sirven de parámetro seleccionador en las universidades. De hecho, son ahora mucho más prepotentes que cuando Keynes publicó su Teoría General en 1936. Entonces los neoclásicos callaron y se retiraron a sus cuarteles de invierno esperando su oportunidad que vino de la mano del triunfo del neoliberalismo en la política mundial.

Con todo, lo más preocupante, es la progresiva colonización del resto de ciencias sociales, que de cada vez más sucumben a la presión de los métodos de los neoclásicos. Será difícil publicar cualquier trabajo, sea de la disciplina social que sea, que no vaya acompañado de sus correspondientes filigranas estadísticas, o gráficos derivados del cálculo diferencial. En cambio, los trabajos que se basan en hechos y datos reales, en la investigación histórica, son tachados de descriptivos, poco sólidos, ideológicos, o peor aún, marxistas. El resultado: paupergnosia y una universidad más y más empobrecida científicamente y en manos de fanáticos que hacen gala de su desprecio por cualquier visión alternativa pese a que la realidad desmiente a diario sus postulados.

Ya que resulta inútil confrontar con fanáticos adoctrinadores, sólo queda advertir a los estudiantes: ¡cuidaos!, leed por vuestra cuenta a los grandes maestros, estudiad la economía de verdad y ¡no la dejéis en manos de los economistas!

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