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Opinión

Nada es lo que parece

Llegó al poder después de derrocar a su marido Pedro IV, la emperatriz que reinó siete lustros y que llamada Catalina la Grande, II de Rusia, tenía en común con Cervantes que un mismo libro los marcó por distintos motivos.

Esta famosa emperatriz declaró en sus «memorias» que «mi primera lectura ha sido Tirant lo Blanc», su primer libro. Empezó fuerte y con una elección de lujo, mucha puntería.

Una de las anécdotas más divertidas del panorama literario europeo es la que explica J. Pla y que hizo famoso al erudito eslavo Bibasso que es considerado como el mejor biógrafo de la insaciable. El Tirant es una de las obras de más elegante erotismo pero al biógrafo le desconcertó tanto este libro (o no supo enfrentar ese capítulo) que no llegó nunca a comprender de qué se trataba exactamente. O miró a otro lado. Era un autor conocido por ser muy cuidadoso y documentado, pero a la hora de aclarar qué libro era este, Tirant lo Blanc, la cabra tiró al monte y acabó expresando que se trataba de una obra ornitológica con relación a un pájaro que además «vive en América», «citado por naturalistas» como el «tirannus albus» y es que aquí y en el otro lado del mundo ya nos lo seguiría recordando el filósofo Francesc Pujols: «Arribarà un dia que els catalans, anirem pel món i ho tindrem tot pagat». El gran Joanot Martorell vio convertido a su personaje principal en un extrañísimo pájaro americano. Y es que el biógrafo lo debía pasar crudo e igual imaginó que el Tirant estaba hecho un buen pájaro o que tenía uno de muy considerable… mientras en sus manos tenía la novela considerada la más importante en catalán y una de las fundamentales de la novelística europea. Cervantes en El Quijote lo deja muy claro «por su estilo es éste el mejor libro del mundo». Novela de caballería con interminables aventuras salteadas de historias carnales mezcladas con amor, episodios divertidos trufados de humor inteligente. La sensualidad es su principio como en otras obras clásicas del ciclo de Bretaña. Sus inolvidables diálogos y el erotismo sin tapujos despertarían en la emperatriz el anhelo de reivindicarse o reafirmarse al mismo tiempo que nuestro héroe iba liberando, poco a poco, Constantinopla de los turcos.

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