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Opinión

El nuevo Hollywood, solo para menores

‘Obsession’ y sobre todo ‘Backrooms’, dirigida por un joven de veinte años con una experiencia que se reducía a youtube, han recuperado al público juvenil a costa de los adultos

Hollywood.

Hollywood. / Reuters

Nada más sencillo que sintetizar el cine contemporáneo. Si se encuentra usted leyendo esto, no ha visto las películas Backrooms ni Obsession, en las que se basa liberalmente el artículo en curso. Y si ha visto Backrooms u Obsession, ni loco se le ocurriría abordar este texto. Por tanto, se ejecuta aquí una ceremonia de hermanamiento de las dos orillas del nuevo Hollywood, solo tolerado para menores.

Obsession y sobre todo Backrooms, dirigida a los veinte años por un joven sin más experiencia que sus vídeos en youtube, han recuperado el público juvenil a costa de los adultos. Aunque en España no han encontrado un eco equivalente a la pasión estadounidense, definirán el cine de 2026 con la misma intensidad que La sustancia en 2024. Ambas películas pertenecen con licencias al género de terror, que monopoliza la innovación en la gran pantalla.

El nuevo Hollywood obedece a las leyes del videojuego, y no se molesta en camuflar sus influencias. Backrooms, magistralmente interpretada por los aclamados Chiwetel Ejiofor y la noruega Renate Reinsve, ofrece una versión desprejuiciada de Alicia a través del espejo. El tránsito a un paisaje de despoblada oficina siniestra se efectúa a través de la pared, ida y vuelta. Cuando se agotan los trucos, se recurre al canibalismo en vivo y al análisis de la inserción de un tenedor en el cuello de un paciente insensible.

Obsession se vende siempre en paralelo a Backrooms, aunque se expenda bajo el envoltorio de una comedia romántica. Fenomenalmente interpretada por Michael Johnston e Inde Navarrette, profundiza en los desastres que conlleva el cumplimiento exhaustivo de los deseos. Es decir, el genio de la lámpara, aunque expedido en cajetilla. La película despliega el miedo embarazoso, el pánico a encontrarse en una situación similar a la pareja protagonista.

Según es proverbial en periodismo, se ha exagerado la bisoñez de los directores de ambas cintas canónicas. Kane Parsons tenía veinte años cuando dirigió Backrooms, pero su colega Curry Barker es un anciano de 26 que ha estampado la firma en Obsession. La primera de las películas citadas ya ha recaudado más de doscientos millones de euros y subiendo. La segunda va camino de los cuatrocientos millones. La suma de presupuestos de ambas producciones es de once millones de euros, solo un millón para la más obsesiva.

A nadie se le oculta que los dólares superan en importancia a la calidad o la innovación. Pues bien, Backrooms y Obsession han recaudado más dinero que la suma de la insoportable El día de la revelación de Steven Spielberg y que la última entrega de La guerra de las galaxias. Según se ha comprobado empíricamente, las butacas de los intrusos estaban ocupadas por personas pertenecientes a las generaciones que en teoría se habían desenganchado de la experiencia cinematográfica.

Backrooms y Obsession no conllevan la desaparición de las películas destinadas a un público adolescente, pero elaboradas por adultos que se creen más inteligentes que sus menores. Esta antítesis se encarna hoy en Scary Movie 6, ideada para un público juvenil pero cargada de chistes de alta densidad intelectual, con referencias que enlazan por ejemplo a Una batalla tras otra. Se podría hablar de una exhibición pretenciosa, si la secuela de secuelas que parodia a la extraordinaria Scream no hubiera recaudado más de doscientos millones de euros.

En medio de una crisis sin precedentes, con la última oleada del EGM decretando que menos de medio millón de españoles acuden semanalmente a las salas, la audiencia se regenera en extravagancias terroríficas pero se divide en compartimentos estancos. Se necesitarían precios creativos para cumplimentar a ambas poblaciones. Dado que la disponibilidad económica aumenta con la edad, se podrían abaratar los accesos a Backrooms y Obsession, a cambio de subir las tarifas de la excelente Nouvelle Vague o de El mago del Kremlin, acogida en la senda de Cónclave y de Nuremberg.

El cine está renovando el sentido de comunidad. Backrooms, Obsession y la taciturna El día de la revelación, donde Spielberg ha envejecido más que su E.T., comparten el culto a la televisión. Mejor dicho, simultanean la adoración al televisor, aquel fetiche convertido en el altar que congregaba a las familias de la segunda mitad del siglo XX. En el caso de la película obsesiva, la más exitosa de las citadas en esta página, los títulos de crédito finales se sobreimpresionan sobre una pantalla vacía, ciega. Solo un Baudrillard podría explicar con justicia la reiteración del homenaje.

Se ha postergado con deliberación al último párrafo la valoración crítica de las dos películas del año, porque su calidad es subsidiaria del fenómeno social desatado en torno al cine veinteañero. En breve, la reiteración metódica de Backrooms conduce a un vacío existencial, que su público mayoritario no identificará con el Angst. Y Obsession es cruelmente divertida. Por tanto, no pueden ser recomendadas sin riesgos a los adultos que han leído este artículo. Y quienes van a disfrutarlas, desdeñan el aval de un ser humano que no cumpla el requisito de la edad juvenil.

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