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Opinión | Al azar

Zapatero me ha quitado del Mundial

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero / EP

Con el cambio climático, llamamos sueños húmedos a los que incluyen una piscina. En mi caso, el delirio onírico consistía en enclaustrarme en un chalet con un pedazo de mar portátil, para disfrutar íntegra y exclusivamente de los 104 partidos del Mundial. Una droga cura a otra, y en la dulce espera del fútbol se precipitó el meteorito de Zapatero. Será perturbación o perversión, pero me borré de la Copa del Mundo. El cambio de adicción ha cursado con episodios patéticos. Confieso que el pasado martes me perdí la exhibición de ballet de los bleues franceses, extasiado en Cuatro ante un subprograma conducido por el hijo de Ábalos, y que demostraba que ZP también tiene la culpa de las desgracias criminales de su padre.

Zapatero me ha quitado del Mundial. El expresidente socialista a diez mil euros diarios de dietas ha desbancado a Juan Carlos I, en la relación de grandes nóminas de la transición. Y, sobre todo, ha superado a un Alemania-Paraguay donde, además, gana la selección equivocada. En descargo de mi responsabilidad, tal vez la Copa del Mundo no ha ofrecido el espectáculo prometido. Por ejemplo, en tres partidos no he visto a España por ninguna parte, y coincido en esta devaluación con los apostantes de Polymarket, que ponen el dinero donde aquí solo le damos a la lengua.

Zapatero y sus imitadores del PSOE, cómo olvidar a la imprescindible Leire Díez, han contado con colaboradores inesperados. La UCO y la UDEF, que parecen las siglas de partidos políticos de la transición, han tenido la habilidad de dosificar las revelaciones con la maestría de un seleccionador avezado. Con motivo de la fatwa asesina de Jomeini contra Salman Rushdie, el gran Umberto Eco diagnosticó que por lo menos había devuelto la fe en el poder de la palabra. La reconversión de ZP en un malandrín, con un notable esfuerzo de caracterización por parte del expresidente, ha servido como mínimo para devolvernos la fe en la política. Qué es un México-Ecuador, frente a un millón largo en joyas clandestinas.

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