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Opinión

Vivienda y pérdida de competitividad

Vivienda y pérdida de competitividad

Vivienda y pérdida de competitividad / Manu Mielniezuk

Los servicios premium de ciertos portales inmobiliarios permiten ver el mercado desde una óptica mucho más objetiva que la percibida por el comprador o consumidor final. Los datos que ofrecen los primeros son elocuentes: hay una notable reducción de ventas desde hace medio año. Cifras refrendadas por el Consejo General del Notariado, que emite semestralmente un boletín íntegramente dedicado al negocio del ladrillo.

En dicho especial se explicita, negro sobre blanco, cuál es la realidad del sector inmobiliario en España. Son datos estadísticos elocuentes: así como la minoración de escrituras (detectada en las principales ciudades del país desde el segundo semestre del pasado año) pareció en su momento circunscrita a un fenómeno urbano, no se puede decir lo mismo a día de hoy: tan sólo las Comunidades Autónomas situadas en la Cordillera Cantábrica aguantan el tirón. Aumentando precios y transacciones. Cambio climático y bondad de su mercado residencial obligan .

La pregunta obligada es qué está pasando en Mallorca. Si se pregunta al ciudadano, la respuesta casi siempre va a ser la misma: «la vivienda no para de subir». Pero si se va al detalle, se pueden percibir diversas realidades. I. Vivienda costera de Lujo o Gran Lujo. El valor añadido es estar en primera línea de mar. Es un mercado estable, con menores oscilaciones de precio. Hay una muy leve tendencia a la baja, pero no es uniforme: va por zonas y necesidades del promotor. No obstante, la crisis alemana y británica está replanteando los márgenes. El cierre del estrecho de Ormuz sí podría tener consecuencias para este nicho de mercado. Aún es pronto, pero si la inestabilidad geopolítica en Oriente Próximo sigue su curso, es posible que empecemos a observar correcciones mensuales relevantes en un mismo activo. II. Promociones urbanas de obra nueva. Aquí se vive una batalla importante. Bien por la lentitud de las administraciones implicadas, bien por los cambios de legislación mientras se tramitan los proyectos, bien por retraimiento real del comprador nacional por falta de financiación bancaria, se está observando una paradoja: hay necesidad, existe el nicho. Pero, pocos son los que se atreven a emprender en un terreno tan pantanoso. Se necesitan muchas más garantías que las que se ofrecen para acometer una obra de millones de euros. III. Mercado ciudadano de segunda mano. Hasta hace muy poco era un subsector en expansión. Los precios de los activos ( por cierto, bastantes de ellos, sacados del mercado de alquiler ) subían de manera constante. Extras como la plaza de aparcamiento o la amplia terraza eran sinónimos de clientela asegurada. El aumento de los tipos de interés y las nuevas condiciones bancarias para formalizar una hipoteca han cortado de manera notable las operaciones. Con un añadido: por ahora, las propiedades no quieren bajar los precios. Por ende, ¿quién llega a comprar? Extranjeros, altos funcionarios y empresarios de éxito. No la masa. IV. Mercado urbano rural. El último eslabón. Hasta no hace mucho, los jóvenes palmesanos iban a adquirir allí su primera vivienda. Un buen servicio público y una excelente red de carreteras influían en la decisión. Amén de la calidad de las escuelas e institutos de Part Forana, parecidos en muchos sentidos a las ciudadanas. Hasta que la mejora de las telecomunicaciones hizo posible que también los ciudadanos sajones, escandinavos o eslavos se dieran cuenta de que vivir en Mallorca podría ser posible… si se optaba por un pueblo y no por Palma. Resultado: años de incrementos anuales de tipo exponencial. Hasta que la crisis automovilística ha impactado en Europa. La «casa barata en el pueblo mallorquín» es un recuerdo de cincuentones. En estos momentos, lo que se está dando por el Pla y Raiguer de Mallorca - Serra de Tramuntana sigue siendo prohibitivo - es un muy lento retroceso no en cuanto a valores de demanda, sino en cuanto a los de cierre, que es muy diferente. La situación es que la subida en dos décadas ha sido tan acentuada que costará mucho normalizar la operativa. Si es que tal llega a acontecer.

Por lo tanto, ¿qué pasará en Mallorca mientras se «normalicen» los sueldos con los costes de adquisición de viviendas? De entrada, la evasión: más vale vivir bien en el infierno que subsistir en el paraíso. Aquellos que pueden cogen sus bártulos y se instalan en la España peninsular. Dos destinos: el pueblo de los antepasados o el norte de España. Porque normalmente, quien se va es, descendiente de emigrantes peninsulares. Debe tenerse en cuenta: emigra mano de obra válida. Necesaria para el correcto funcionamiento de los hoteles, bares, empresas de servicio. Resultado: aulas baleares que menguan, las de la España vaciada que se llenan. La pregunta es si alguien con sueldo oficial se está dando cuenta. O si va a hacer algo.

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