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Opinión

El día de la revelación

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una fotografía de archivo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una fotografía de archivo / Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN

Como fan incondicional de Steven Spielberg, no me podía perder la oportunidad de ver El día de la revelación en un cine de verdad y valorar todas las teorías conspiranoicas que envuelven a su última película. Hay quien está convencido de que no es solo una obra de ficción, sino un mensaje encubierto del Gobierno de Estados Unidos para empezar a preparar psicológicamente a la población ante un inminente contacto extraterrestre. Por si eso fuera poco, estos días también ha corrido el rumor de que la administración Trump ha registrado dominios como «alien.gov» o «aliens.gov» con la intención de ir colgando el supuesto material clasificado que lleva años escondiendo. Me gusta imaginarme a Trump delante del ordenador preguntando a sus asesores: «¿Subimos ya los archivos o esperamos a ver cómo reacciona la gente a la película?». Y uno de ellos contestando: «Presidente, antes suba una foto con un extraterrestre». Y así lo hizo el señor Trump, publicando una foto creada con IA en la que aparecía conversando con unos supuestos reptilianos de pelo plateado. A partir de ahí, el surrealismo ya corre solo.

Hay personas que se creen cualquier cosa. Hay gente convencida de que los pájaros no existen, que son drones del Gobierno que nos espían y se recargan en los cables eléctricos. Todas las conspiraciones funcionan más o menos igual. Empiezan con una idea absurda, continúan con una explicación envuelta en miedo y terminan convirtiendo cualquier dato en una confirmación. Si no hay pruebas, es porque la conspiración las ha ocultado. Y si las hay, también forman parte de la conspiración. Pero, ¿quién decide qué creencia merece respeto y cuál una carcajada? Si me preguntan a mí, apostaría antes por la existencia de vida extraterrestre que por la de Dios. Al menos, los ingredientes para la creación de la vida llegaron desde el espacio. Pero, siguiendo la lógica de cualquier buena conspiración, los creyentes responderán que Dios también creó a los extraterrestres. Y vuelta a empezar. Y volviendo a Spielberg, este señor lleva más de cincuenta años haciendo exactamente lo mismo: contar historias. Historias sobre el miedo, la infancia, la guerra, la familia... y sí, también sobre extraterrestres. Encuentros en la tercera fase, E.T., La guerra de los mundos o

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. El día de la revelación recupera el mismo imaginario que lleva construyendo el cineasta durante toda su carrera. Es Spielberg siendo Spielberg. Nada nuevo. Supongo que esto ha decepcionado a los conspiranoicos que esperaban respuestas de alguien que acostumbra a hacer preguntas. La película habla de la empatía, de la conexión entre humanos y de este mundo asquerosamente conectado que, paradójicamente, nos tiene a todos desconectados. Si te animas a ir al cine, hazme el favor de dejarte llevar por la historia y por la música de John Williams, que con más de noventa años sigue componiendo bandas sonoras capaces de ponernos la piel de gallina. En tiempos de tanto ruido, tanta conspiración y tanta necesidad de encontrar mensajes ocultos en todas partes, quizá el mayor milagro siga siendo el de siempre: una buena historia y bien contada.

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