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Opinión | Tribuna

Primarias en el PSOE

Joaquín Almunia.

Joaquín Almunia. / REUTERS

El sistema de primarias para la elección de candidatos y candidatas en el PSOE cumplirá 30 años en 2027. Nació con la voluntad de dar voz y voto a la militancia en la elección de sus representantes y, desde entonces, ha sido una de las grandes conquistas democráticas del partido. Se recuperó y se aprobó en el 34º Congreso, en 1997, con Joaquín Almunia como secretario general. Después llegó, en 1998, la derrota de Almunia frente a Josep Borrell en unas primarias que demostraron que, cuando la militancia decide, el resultado no siempre está alineado con la voluntad del «aparato» del partido. Y también llegó la dimisión de Borrell en mayo de 1999, una decisión que sigue explicándose desde la lógica de la presión política y mediática más que desde cualquier reproche jurídico real. Desde entonces, muchas cosas han cambiado, pero no siempre para bien: sobre todo, la forma en que algunos entienden la responsabilidad política, cada vez más sometida a intereses, cálculos y estrategias de supervivencia personal.

Aterrizados en 2026, el pasado sábado, el Comité Federal del PSOE aprobó el procedimiento de primarias para las elecciones municipales y autonómicas de 2027. Lo hizo, además, abriendo tres ventanas temporales en julio, septiembre y noviembre, a elección de cada territorio. Una fórmula novedosa que, lejos de parecer una simplificación, introduce también márgenes de maniobra y lecturas políticas muy distintas. En Balears, los dirigentes del PSIB han optado por la primera ventana, una opción «exprés» este mes de julio, lo que significa que en pocas semanas sabremos quiénes encabezarán, en casi su totalidad, nuestras listas electorales.

El sistema de primarias en mi partido es un proceso referente y del cual me siento orgullosa, eso sí es mejorable; espero, deseo y trabajaré para que en un futuro cercano, las votaciones en primarias sean obligatorias, aunque solo se presente un candidato, ya que así podremos conocer realmente el grado de apoyo de la propuesta presentada y eso nos da una base sólida para empezar a construir, las primarias no deberían entenderse como un mero trámite ya que son el primer «examen» serio entre proyecto político, liderazgo y capacidad real de movilización, y los militantes deberían tener siempre voz en estos procesos.

Me declaro defensora del sistema de primarias. Cualquier compañero o compañera debe poder presentarse y aspirar a encabezar una lista electoral en el PSOE. La premisa de «un militante, un voto», ya seas militante de base o cargo público u orgánico, es una expresión de democracia interna que vale muchísimo más que cualquier estrategia de despacho. Precisamente por eso, en ocasiones, incomoda a quienes prefieren organizaciones dóciles, predecibles y sin debate real. Porque las primarias no solo eligen candidatos: también obligan a escuchar, a confrontar ideas y a medir el respaldo de cada proyecto sin intermediarios ni tutelas.

Es verdad que ese principio de igualdad ha generado tensiones internas, a veces por la aparición de aspirantes inesperados y otras por la dificultad de controlar mensajes que circulan dentro y fuera de las campañas. Pero esa incomodidad no es un defecto del sistema; es, en realidad, la prueba de que funciona. Un partido vivo no debe temer la competencia, sino al contrario: debe asumirla como una garantía de renovación, de debate y de legitimidad. Donde algunos ven ruido, yo veo vitalidad. Donde algunos ven riesgo, yo veo democracia.

En cualquier caso, seguiré defendiendo que los beneficios superan con mucho los problemas puntuales: el afloramiento de nuevos talentos, la posibilidad de confrontar ideas y de proponer soluciones distintas, la movilización de la militancia y la legitimidad moral de salir elegido o elegida tras una votación libre entre compañeros. De esa sana competencia ganamos todos, y si alguien sigue creyendo que cualquier partido político del S. XXI fuerte se construye evitando el debate, se equivoca de raíz. Las últimas primarias de Extremadura, celebradas en abril, fueron un buen ejemplo de ello.

Espero y animo a todos los compañeros y compañeras con ganas de mejorar, de empujar y de construir un partido más cercano, más útil y más valiente, a dar el paso. Sin miedo a no hacerlo perfecto, sin complejos y sin depender de bendiciones previas. Julio será el primer paso hacia las elecciones de 2027, y ojalá sea un paso firme, abierto y competido.

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