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Opinión

El partido frenteal Parlamento

Pedro Sánchez abraza a Santos Cerdán en el Congreso.

Pedro Sánchez abraza a Santos Cerdán en el Congreso. / Juan Carlos Hidalgo / EFE

Pedro Sánchez salió del Comité Federal del PSOE con un respaldo interno casi unánime apenas unos días después de una comparecencia en el Congreso motivada por la exigencia de explicaciones tras la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, principal referente político del sanchismo, y celebrada en un contexto marcado por la condena a José Luis Ábalos y por las investigaciones sobre Santos Cerdán, los dos últimos secretarios de Organización designados durante su liderazgo. Estos episodios reforzaban la responsabilidad política del presidente por los nombramientos realizados al frente del partido, especialmente el de Ábalos, a quien cesó como ministro sin explicar nunca las razones de aquella decisión y mantuvo posteriormente como diputado. La comparecencia, sin embargo, apenas aportó elementos nuevos. Sánchez volvió a diferenciar entre responsabilidades penales y políticas, pero evitó explicar cómo fue posible que los dos últimos responsables de la Secretaría de Organización acabaran implicados en los casos que hoy erosionan la credibilidad del PSOE y debilitan su posición parlamentaria.

Esa debilidad volvió a hacerse visible poco después, cuando el PP, tras ver bloqueadas en la Mesa del Congreso sendas iniciativas suyas y de Junts para instar a la convocatoria de elecciones, logró sacar adelante una proposición no de ley que instaba al presidente a valorar la presentación de una cuestión de confianza. Y aunque la iniciativa carecía de efectos jurídicos y no equivalía a una retirada formal de la confianza parlamentaria, que solo puede producirse a través de los mecanismos previstos por la Constitución, sí evidenció, nuevamente, que el Gobierno ya no dispone de una mayoría parlamentaria estable y que algunos de los socios que hicieron posible la investidura están dispuestos a cuestionar la continuidad política del presidente.

Sin embargo, el Comité Federal no solo evitó abrir un debate sobre la continuidad de Sánchez, sino que respaldó su decisión de agotar la legislatura pese a la responsabilidad política derivada de esos nombramientos y a unos resultados autonómicos inferiores a los esperados, especialmente en Aragón y Andalucía, donde sus exministras encabezaban dos de las principales apuestas territoriales del partido. Ese respaldo interno, sin embargo, no modifica la aritmética parlamentaria sobre la que descansa la continuidad del Gobierno.

La actual situación de Sánchez refleja muy bien la tensión entre dos lógicas propias de las democracias parlamentarias. La primera, que responde al diseño institucional, hace depender la continuidad del Gobierno de la confianza de la Cámara. La segunda, que es la del Estado de partidos, refuerza el papel de las organizaciones políticas en la selección y el mantenimiento de sus líderes. Mientras ambas coinciden, el sistema funciona con normalidad pero cuando dejan de coincidir, el respaldo del partido puede sostener un liderazgo, pero nunca sustituir la necesidad de una mayoría parlamentaria estable para gobernar.

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