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Opinión | Pensamientos

Aguada la fiesta

Turistas en Palma

Turistas en Palma

Es muy desmoralizante tener que escribir una y otra vez sobre la saturación turística de Mallorca y el desaforado crecimiento demográfico. Ambas lacras causan multitud de problemas. Hoy las víctimas son unos inocentes escolares, que se han quedado sin día de playa.

Hace unos días, el Colegio Público Verge de Lluc (Palma) tuvo que cancelar una salida de fin de curso porque la empresa de autobuses contratada les dejó colgados. El colegio denunció públicamente que la compañía de transportes había priorizado, frente a los residentes, a grupos de turistas.

La causa última del plantón no ha podido demostrarse, pero las víctimas sospechan que la empresa optó por primar a clientes más rentables y poderosos, los visitantes, frente a usuarios de segunda categoría. La patronal del sector, la Federación de Transportes, habló en nombre de los denunciados y negó que el incumplimiento obedeciera a unos servicios para viajeros foráneos.

Los niños se quedaron sin playa. Los profesores tuvieron que improvisar en el patio del centro unas guerras de agua con globos y cubos.

Yo fui víctima de esta discriminación, aunque mi experiencia fue mucho menos dolorosa que la de los alumnos. Fue hace dos años, el Consell de Mallorca organizó, el 14 de junio de 2024 y en el Auditorium de Cala Ratjada, un encuentro de corales de Gent Gran. Un autocar recogió en Palma a nuestro grupo y nos condujo hasta el destino. El vehículo, en vez de permanecer aparcado en las inmediaciones, regresó a la ciudad para hacer servicios con turistas. Acabado el evento tuvimos que esperar, sin cenar, tres horas hasta que vino otro bus desde Ciutat a rescatarnos. Fue una simple anécdota, pero muy significativa.

El verano ha llegado con saña y los autóctonos lo pagamos caro. La Vía de Cintura (Vía de la Tortura, como la llama Matías Vallés) se colapsa a partir de las 7 de la mañana. Y así toda la jornada. Raro es el día en el que no hay un accidente allí, muchos de ellos graves.

En los escasos momentos donde no hay retenciones, hay conductores que corren enloquecidamente. Las entradas y salidas de la vía al mismo nivel son puntos negros.

Las conexiones con las autopistas de s’Arenal e Inca tienen también más peligro que los drones en una guerra.

Las rotondas periféricas de estas autovías para entrar y salir del casco urbano son tóxicas, verbigracia la del Fan.

Esta arterioesclerosis circulatoria antaño solo explotaba en julio y agosto. La vuelta al cole traía un poco de calma. Hace años que la saturación se hizo permanente, aunque lógicamente se agrava en época estival.

En los prolegómenos del año 2000 nos metieron el miedo en el cuerpo con el apagón informático. Este año nos auguran el apocalipsis en Mallorca con motivo del eclipse solar del 12 de agosto. El fallo de los ordenadores (por pasar de la fecha 1999 a 2000) no fue tan gordo, pero el trivial fenómeno astronómico puede traer cola. No hay que negar el atractivo científico del acontecimiento, pero de ahí a generar una apoteosis del postureo hay un trecho.

Vivimos parasitados por los teléfonos móviles. Fotografiamos y grabamos al Papa como posesos, en vez de abrir bien los oídos y los ojos para captar su mensaje. Nunca nuestros limitados medios pueden competir con las televisiones y los fotógrafos profesionales.

Compremos unas caras gafas de protección, relajémonos con la cuasi total noche anticipada. Dejemos a los astrónomos profesionales la captación del instante. Y, sobre todo, no cojamos el coche.

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