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Opinión | Escrito sin red

Anticipando el futuro

El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, el vicepresidente segundo y consejero de Medio Ambiente, Medio Rural y Deportes, Pedro Bestard, y el presidente del Instituto del Deporte Hípico de Mallorca, Gaspar Oliver, en la pista del Hipódromo de Son Pardo.  El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, el vicepresidente segundo y consejero de Medio Ambiente, Medio Rural y Deportes, Pedro Bestard, y el presidente del Instituto del Deporte Hípico de Mallorca, Gaspar Oliver, en la pista del Hipódromo de Son Pardo. El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés y el vicepresidente segundo y consejero de Medio Ambiente, Medio Rural y Deportes, Pedro Bestard esta mañana en la pista del Hipódromo de Son Pardo.

El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, el vicepresidente segundo y consejero de Medio Ambiente, Medio Rural y Deportes, Pedro Bestard, y el presidente del Instituto del Deporte Hípico de Mallorca, Gaspar Oliver, en la pista del Hipódromo de Son Pardo. El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, el vicepresidente segundo y consejero de Medio Ambiente, Medio Rural y Deportes, Pedro Bestard, y el presidente del Instituto del Deporte Hípico de Mallorca, Gaspar Oliver, en la pista del Hipódromo de Son Pardo. El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés y el vicepresidente segundo y consejero de Medio Ambiente, Medio Rural y Deportes, Pedro Bestard esta mañana en la pista del Hipódromo de Son Pardo. / CIM

Prestar la atención que merece el cúmulo de acontecimientos gravísimos que afectan al presidente del Gobierno y a su partido, puede contribuir a oscurecer otros en nuestras islas, que no por ser menos impactantes desmienten el discurso triunfalista de la Sibila del Consolat. En efecto, la sentencia del TS sobre Ábalos, Koldo y Aldama, la del fiscal general, la imputación de Rodríguez Zapatero, la sentencia del hermano de Pedro Sánchez y el juicio con jurado a Begoña Gómez previa retirada del pasaporte, son de tal gravedad que es inimaginable que en Europa pueda sobrevivir un Gobierno lastrado de tal manera por ellas. Un Gobierno acorralado por la corrupción como el español no puede gobernar porque dedica todo su tiempo no a gobernar, no ha aprobado un solo presupuesto en toda la legislatura, sino a intentar defenderse. La estrategia de su presidente consiste en negar la mayor, proclamar que su Gobierno es el más limpio de la historia y recomendar a los ciudadanos «ponerse crema contra el sol».

Lo que nos tiene atribulados son las piruetas de Llorenç Galmés en el Consell de Mallorca para esquivar cualquier responsabilidad sobre la patrimonialización que, de los bienes de la administración insular, hasta cinco vehículos, hace su vicepresidente de Vox, Pedro Bestard. De esta pareja de gobernantes insulares publicaba el pasado lunes una fotografía el Diario de Mallorca. Los dos con la misma vestimenta. Uno, Galmés, tal que un ectomorfo, desprendía ingravidez, liviandad, las mismas que se desprenden de su cobardía para rebelarse contra la imposición partidaria y de Marga Prohens de importar a Mallorca toda la basura de Ibiza, que comienza ya, para desgracia de los mallorquines. El otro, Bestard, tal que un endomorfo, lo hacía con gravidez y pesantez, una figura físicamente intimidante, como la que no se recatan en disimular las tropas más belicosas de la derecha extrema, dispuesto a comerse a Galmés con patatas. Galmés no es el presidente de Mallorca, que no existe, es el delegado de Prohens en el Consell, un mandado sin autonomía atado a Vox por mandato de la blanca Sibila. No puedo entender cómo la administración insular puede hacer dejación de sus responsabilidades en la administración de sus recursos. Los vehículos del Consell, como los del Ayuntamiento de Palma, son instrumentos al servicio de la administración y conducidos por chóferes o funcionarios habilitados para esa función, al servicio, también, para el desempeño de los políticos en el ejercicio de su función pública, nunca privada. Que los vehículos permanecieran aparcados en fin de semana junto al domicilio de Bestard, que se desconociera su uso o si eran utilizados sin justificación oficial o cómo se procedía a su aprovisionamiento de combustible, no es un tema menor, es un indicativo alarmante de cómo interpreta Vox su presencia en las instituciones, que no ha despejado Toni Gili con su almibarada y descangallada defensa de Bestard. Diga lo que diga el expediente con el que se pretende orillar las responsabilidades políticas de la gestión privada de bienes públicos, Bestard es otro ejemplo de zafio depredador de lo público. Los socialistas amenazan con denunciar el caso ante la fiscalía por malversación de caudales públicos. Ni un día más debería ostentar la vicepresidencia del Consell. Es una vergüenza para los mallorquines. Prohens acude en auxilio de Galmés acusando a los socialistas de hacer la denuncia el mismo día que el expresidente Zapatero estaba declarando ante un juez acusado de varios delitos; les exige que expliquen de dónde ha sacado las joyas su líder espiritual y después que empiecen a dar explicaciones. Es el «y tú más» de Sánchez del que se queja el PP, el eterno ritornelo de la política española, el que profiere cualquiera de los dos partidos mayoritarios para escabullirse de sus responsabilidades. Es el nosotros también.

Lo que sí afecta directamente al Govern es la aprobación por el Parlament del decreto ley 8/2025 tramitado como la ley 4/2026 de 11 de junio, la ley ómnibus, de medidas urgentes para acelerar proyectos estratégicos con los votos del PP y de Vox. Supone en su 49 disposición final la modificación de la ley 5/2005 de 26 de mayo para la Conservación de los Espacios de Relevancia Ambiental (LECO). Elimina ocho artículos de la misma y reduce los tiempos de exposición pública de los cambios que se produzcan, de dos meses a 30 días, 20 para cambios puntuales. Marga Prohens salió hecha un basilisco a desmentir a Terraferida por la acusación de que con esa ley se desprotegía es Trenc: «La acusación de que el Govern pretende desproteger el Parque Natural de es Trenc es un bulo». Para, a continuación, desmentirse a sí misma, proclamando que «el Govern que preside no se dedica a desmentir bulos». Añadió que «nadie me va a dar lecciones de amor hacia es Trenc, que el decreto ley tiene la misma naturaleza normativa que se viene aplicando a todos los parques naturales; nadie puede poner en duda que el Govern vaya a modificar el nivel de protección a Cabrera». La intención «no es desproteger es Trenc, sino aprobar por decreto el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural». Lo cierto es que la modificación del artículo 18 de la normativa autonómica de 2013, sin informe técnico, facilita la ampliación de los chiringuitos y la reducción de la distancia entre ellos, permite las instalaciones desmontables y que las fijas puedan aumentar su superficie, aunque se asienten en zonas protegidas. Es verdad, como dice el Govern, que no se ha desprotegido el Parque Natural de es Trenc, pero sí ha creado el marco legal para hacerlo sin dar cuenta al Parlament, con un solo decreto, y sin que tenga lugar ningún debate parlamentario de todas las fuerzas políticas, ¿quién puede asegurar que esto no vaya a suceder en el futuro?, ¿figuraba en su programa electoral? Lo que no puede obviar Prohens es el oscurantismo con el que se ha tramitado una ley que contempla multitud de normas de toda laya, incluyendo la importación de las basuras de Ibiza, sin más posibilidad que aceptarlas o rechazarlas en su totalidad, sin posibilidad de un debate esclarecedor sobre cada una de ellas, al estilo, tan criticado por el PP de las leyes ómnibus de Pedro Sánchez. La gestión en el Consell y en el Govern que nos ofrece el PP balear, discúlpenme la desazón, es un anticipo de la gestión del PP en el Gobierno del Estado: más de lo mismo, más de «y tú más» y sin lección alguna de amor a la pureza democrática.

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