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Opinión | Tribuna

Jordi Cubain Arenas

Jordi Cubain Arenas

Profesor de marketing

Ábalos, Koldo, Aldama o el dilema del prisionero

Archivo - El empresario Víctor Aldama, el exasesor Koldo García y el exministro José Luis Ábalos (de izquierda a derecha de la imagen)

Archivo - El empresario Víctor Aldama, el exasesor Koldo García y el exministro José Luis Ábalos (de izquierda a derecha de la imagen) / EPDATA - Archivo

La sentencia ya ha llegado. El Tribunal Supremo ha condenado a José Luis Ábalos a 24 años meses de prisión, a Koldo García a 19 años, mientras que Víctor de Aldama ha recibido una condena de cuatro años que no implicará su ingreso en prisión gracias a su colaboración con la Justicia.

Más allá de las penas, este caso deja una reflexión fascinante sobre comunicación, comportamiento humano y teoría de juegos. Porque durante meses millones de españoles no solo hemos seguido un juicio. Nos hemos enganchado a la historia.

El caso Ábalos-Koldo-Aldama ha reunido todos los ingredientes del relato perfecto: poder, dinero, sexo, amistad, traiciones, secretos, filtraciones y un buen elenco de personajes. Durante semanas, tertulias, portadas y redes sociales han vivido pendientes de la melodía que iba «cantando» Aldama.

Vivimos en la economía de la atención. El premio Nobel Herbert Simon advirtió hace décadas que una abundancia de información genera una escasez de atención. Hoy competimos contra miles de estímulos diarios, pero algunos acontecimientos consiguen monopolizar la conversación pública.

Porque funcionan como una serie de Netflix. Cada declaración era un nuevo episodio. Cada filtración abría una nueva trama. Cada personaje nos iniciaba una subtrama. Cada retraso en la sentencia aumentaba el suspense. Incluso los desacuerdos sobre el tratamiento penal de Aldama alimentaron la incertidumbre en los días previos al fallo.

Desde una perspectiva de marketing, el caso demuestra una verdad incómoda: nada genera más interés que la incertidumbre. Por eso, millones de personas estaban pendientes de la sentencia. No solo querían saber qué había ocurrido. Querían saber cómo terminaba el relato.

Ahora que el veredicto ha llegado, los tribunales han cerrado una parte de la historia. Pero el verdadero interés del caso deja una enseñanza mucho más amplia que es la que nos ha enganchado: el conflicto egoísta entre colaborar con la justicia y recibir un trato de favor o no hacerlo.

Y aquí aparece uno de los conceptos más famosos de la teoría de juegos: el llamado dilema del prisionero. Desarrollado por los matemáticos Merrill Flood y Melvin Dresher, plantea una situación aparentemente simple: dos sospechosos son interrogados por separado. Si ambos cooperan entre sí y guardan silencio, obtienen una pena razonable (seis años). Pero si uno traiciona al otro y confiesa, recibe un trato muy ventajoso (un año) mejor mientras el otro sale con una pena mucho mayor (diez años). El parecido con el caso es sorprendente.

El aprendizaje teórico es que, aunque la cooperación beneficia al conjunto, el incentivo individual empuja a la traición. Por eso, el dilema del prisionero se ha utilizado para explicar desde la Guerra Fría hasta las guerras de precios entre empresas o las relaciones entre competidores. Y también ayuda a entender lo que ha sucedido aquí.

Mientras Ábalos y Koldo mantuvieron una estrategia defensiva y de no cooperación, Aldama optó por colaborar con la Justicia. El resultado es que el tribunal ha considerado esa colaboración como un elemento clave para rebajar significativamente su situación penal, tanto como para no entrar en prisión. La suerte de Ábalos y Koldo no ha sido tan buena. Como en el dilema teórico.

La teoría de juegos nos recuerda que la confianza es frágil. El marketing nos enseña que la atención es limitada. Y este juicio ha demostrado que cuando ambas se cruzan, el resultado puede convertirse en uno de los acontecimientos mediático más seguidos del país, con permiso del mundial.

Detrás de la política, de los tribunales y de las portadas, sigue habiendo algo profundamente humano: la fascinación por ver quién gana, quién pierde y quién decide cantar primero en el siguiente caso. Veremos.

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