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Opinión | Pensamientos

Las agendas de los golfos

El aluvión de causas penales contra políticos y apegados, ya en el plenario, genera un cóctel de indignación y condena, con unos toques profundos de asombro. Si bebes mucho de ese brebaje, acabas con una dura resaca y serias dudas sobre el sistema

El excomisario José Manuel Villarejo

El excomisario José Manuel Villarejo / José Luis Roca

No hay corrupto de primera división que no tenga una detallada agenda, para deleite de los agentes de la UCO. El panorama judicial en España está que se sale: confieso que yo me lo paso pipa.

El aluvión de causas penales contra políticos y apegados, ya en fase de investigación, ya en el plenario, genera un cóctel de indignación y condena, con unos toques profundos de asombro. Si bebes mucho ese brebaje, algo difícil de evitar, acabas con una dura resaca, mezcla de desmoralización y serias dudas sobre el sistema.

Pero hay otra forma de ver las cosas: la vertiente literaria de los sumarios, el gran magnetismo de personajes principales y secundarios, sus múltiples andanzas, sus fechorías, sus genialidades delictivas, sus amores y desamores y sus numerosas chapuzas.

«Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda», dice la Biblia para fomentar la bondad callada, desinteresada y discreta. Los malos deberían aplicarse a fuego esa metáfora, pero les pierde el ego.

Impresentables como el excomisario José Manuel Villarejo y la inefable Leire Díez estuvieron años reseñando sus oscuras maniobras en agendas, algunas simples libretas. ¿Por qué lo hacían?

Esos manuscritos eran extensiones de su cerebro. Allí plasmaban reflexiones, estrategias y pensamientos. La mayoría de las personas bastante tienen con guardarse sus ideas en la cabeza y no comerse mucho el tarro. Tampoco tienen ganas, tiempo y fuerzas para reseñar sus vidas, sean anodinas, tristes, felices o desgraciadas.

Ellos no, ellos necesitaban un soporte documental para sus fechorías. Un recordatorio permanente de sus múltiples actividades, de sus anhelos, victorias y fracasos.

Otro extremo llamativo es la razón de que conservaran esos textos. Lo más seguro es que se creyeran impunes. Pensaban que nunca les iban a pillar.

Hubo muchas señales de que la Ley andaba tras ellos, pero no tuvieron, pese a creerse los más listos de la clase, el reflejo de quemar las agendas. Y llegaron los chicos y chicas de la UCO, los redactores de los voluminosos atestados, pasto luego de los medios de comunicación.

Como si fueran geniales guionistas de una serie televisiva, ambos incluyeron en sus ‘Crónicas Malvadas’ siglas como ‘P.S.’ y apodos como ‘El Barbas’ o ‘El Asturiano’. ¿Se referían al presidente Pedro Sánchez o al expresidente Mariano Rajoy? Blanco y en botella.

Los cuadernos contienen el día a día de dos prolíficos conspiradores, conectados con altas instancias y dedicados en cuerpo y alma a ultrajar al Estado de Derecho. Villarejo fue más listo que Díez, al menos hizo una fortuna con sus trapisondas, dinero del que apenas se habla. La pseudo periodista también vivió unos años del cuento, pero nunca alcanzó el estatus del simpar policía, un emprendedor de éxito.

En las agendas aparecen los contactos de los dos presuntos delincuentes. Muchos de los reseñados participaron con ardor guerrero en las tramas. A otros los utilizaron para sus maquinaciones, reales u oníricas.

El alto mando policial también practicó otro agotador vicio: grabar todas sus conversaciones. Tuvo que ser una paliza llevar la grabadora a todas horas, almacenar esos ficheros sonoros, hacer copias de seguridad… ¿Volvía nuestro James Bond cordobés a escuchar sus pornográficas conversaciones? Creo que no. Lo hacía como salvavidas, por si venían mal dadas.

Las cintas han acabado en manos de la Justicia. Tampoco las borró. Hay material probatorio para años.

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