Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

La masificación de Mallorca ocupa portadas nacionales y aquí todavía reaccionamos tarde

Masificación turística en el Parc de la Mar de Palma de Mallorca.

Masificación turística en el Parc de la Mar de Palma de Mallorca. / CATI CLADERA / EFE

Que la prensa nacional lleve en algunas portadas el malestar creciente por la saturación turística en Balears debería hacernos reflexionar profundamente. Porque cuando un problema local empieza a percibirse desde fuera, normalmente significa que ya hemos llegado demasiado lejos.

Durante años, Mallorca ha sido un modelo de éxito turístico admirado en toda Europa. Y lo sigue siendo. Pero precisamente por eso, cuesta entender cómo hemos permitido llegar a determinadas situaciones que hace solo unos años habrían parecido impensables.

Tráfico permanente. Carreteras saturadas. Dificultades crecientes de acceso a la vivienda. Espacios públicos completamente desbordados. Y una sensación cada vez más evidente de pérdida de control.

Pero probablemente hay algo todavía más preocupante: la pérdida progresiva de identidad.

Y ahí es donde determinados mensajes y determinadas campañas cruzan una línea que no deberíamos aceptar.

La pancarta instalada hace pocos días en el aeropuerto de Son Sant Joan, vinculando Mallorca al alcohol y al desenfreno, no fue una simple ocurrencia desafortunada. Fue un error grave.

Porque el aeropuerto no es un espacio cualquiera. Es la puerta de entrada a la isla. Es la primera imagen que recibe quien llega a Mallorca.

Y sinceramente cuesta entender cómo alguien pudo pensar que asociar nuestra isla a ese tipo de turismo podía ser una buena idea. Especialmente cuando gran parte de Europa está avanzando exactamente en dirección contraria.

El verdadero prestigio de Mallorca nunca ha estado en el exceso. Ha estado siempre en su equilibrio. En su paisaje. En la mezcla entre mar, cultura, gastronomía, seguridad, clima y calidad de vida.

Ese es el visitante que deberíamos proteger.

El visitante que respeta la isla, que consume con calidad, que vuelve durante años y que termina convirtiéndose muchas veces en el mejor embajador internacional de Mallorca.

Porque existe también otro turismo. Un turismo de ruido, de alcohol barato, de incivismo y de saturación permanente que genera beneficios rápidos, sí, pero también un enorme desgaste social y reputacional.

Y creo sinceramente que ha llegado el momento de decir algo que durante demasiado tiempo muchos no han querido afrontar: no todo turismo interesa del mismo modo.

Entiendo perfectamente que determinadas zonas y determinados negocios llevan años dependiendo de este modelo.

Pero precisamente por eso, hacen falta decisiones valientes y un verdadero plan de transformación progresiva.

No para destruir actividad económica, sino para evolucionarla.

Porque el problema ya no es únicamente cuánta gente viene a Mallorca. El problema es qué tipo de convivencia, qué tipo de movilidad y qué tipo de isla queremos dentro de diez años.

Y lo más preocupante es que la sensación generalizada es que seguimos reaccionando tarde.

Siempre tarde.

Tarde con la vivienda.

Tarde con la movilidad.

Tarde con la saturación.

Y ahora también tarde con la imagen internacional de Mallorca.

No escribo esto desde posiciones radicales ni contra el turismo. Todo lo contrario. Precisamente porque Mallorca depende del turismo debemos proteger mucho mejor aquello que nos hace diferentes.

Porque pocas cosas serían más absurdas que destruir, por exceso de éxito y por falta de planificación, una de las islas más admiradas del Mediterráneo.

Y, sinceramente, creo que ya ha llegado el momento de actuar con mucha más firmeza.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Mallorca
  • Turismo
  • Opinión
  • Vivienda
  • masificación turística
Tracking Pixel Contents