Opinión | Tribuna
La Medicina ‘low cost’ entra en el debate europeo
En el centro de la polémica están los llamados ‘physician associates’, una figura creada en el sistema británico para colaborar con los facultativos en tareas clínicas concretas

Una farmacéutica dispensa un medicamento. / EP
Y español. La crisis de personal sanitario ha abierto en Europa una discusión incómoda: ¿hasta qué punto puede un sistema de salud reemplazar funciones médicas por otros profesionales con menor formación clínica? El debate, que lleva años creciendo en Reino Unido, ha terminado convirtiéndose en una advertencia para muchos médicos españoles. En el centro de la polémica están los llamados physician associates, -traducidos como asistentes médicos asociados-, una figura creada en el sistema británico para colaborar con los facultativos en tareas clínicas concretas. Lo que nació como un apoyo operativo frente a la saturación hospitalaria ha acabado derivando, según numerosas organizaciones médicas, en una sustitución progresiva de funciones tradicionalmente reservadas a médicos.
El psiquiatra español Alfredo Calcedo analiza «el fracaso de la experiencia británica», donde advierte de los riesgos de normalizar que profesionales sin formación médica completa asuman actos clínicos complejos. Un problema originado por la escasez de médicos. Las listas de espera, la presión asistencial y el agotamiento de los profesionales han obligado a buscar fórmulas alternativas para mantener el sistema operativo. En ese contexto crecieron los physician associates, profesionales sanitarios con formación universitaria específica pero muy inferior en duración y profundidad a la carrera de Medicina y la especialización posterior. Su función inicial: apoyar a los médicos en tareas protocolizadas, seguimiento de pacientes y actividades clínicas supervisadas. Sin embargo, sindicatos y asociaciones médicas británicas denuncian que muchos hospitales utilizan estas figuras como sustitutos funcionales de médicos jóvenes o residentes, especialmente en urgencias y atención hospitalaria.
La British Medical Association ha denunciado que esta expansión de competencias es un riesgo para la seguridad del paciente cuando no existe supervisión adecuada o cuando se difuminan los límites profesionales. La controversia va mucho más allá de una cuestión laboral. El verdadero debate gira en torno a una pregunta esencial: ¿qué diferencia el trabajo médico de otras actividades sanitarias? Para buena parte del colectivo médico, el valor diferencial no reside únicamente en ejecutar procedimientos o seguir protocolos, sino en el juicio clínico construido tras años de formación, residencia y experiencia práctica. Los críticos del modelo británico sostienen que algunos gobiernos están confundiendo tareas técnicas con capacidad clínica integral. Y advierten de que sustituir médicos por profesionales con menos formación puede funcionar en actividades muy delimitadas, pero genera problemas cuando se trasladan responsabilidades diagnósticas o terapéuticas avanzadas. La discusión terminó afectando incluso a la confianza pública. Diversos colectivos profesionales comenzaron a exigir mayor transparencia en la identificación del personal sanitario y límites más claros en las funciones delegadas.
El debate británico resuena con fuerza en España, donde también existen problemas de falta de médicos en determinadas especialidades y territorios. La OMC y la CESM temen que la presión asistencial y el déficit de profesionales favorezcan soluciones basadas en ampliar competencias de otros perfiles sanitarios sin un consenso claro sobre seguridad clínica y responsabilidad legal. El desafío consiste en encontrar un equilibrio: aprovechar el trabajo multidisciplinar sin degradar la calidad asistencial ni convertir la falta de médicos en una excusa para reducir estándares de formación clínica. La escasez de médicos no se resuelve únicamente redistribuyendo funciones. La cuestión de fondo es económica, organizativa, afecta a la confianza del paciente, a la seguridad clínica y a la propia definición de qué significa ejercer la Medicina en un contexto de creciente presión sobre la sanidad pública. El debate sobre los límites de la delegación sanitaria ya está encima de la mesa. Un estatuto propio del médico es imprescindible.
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