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Opinión | Desde el siglo XX

Son Espases, bomba a la que solo falta quitar la espoleta

El hospital de referencia de Mallorca se ha convertido en campo de batalla para los que en él prestan servicio, en especial los profesionales de la Medicina

Hospital Son Espases

Hospital Son Espases

«Lo que se diga de lo que sucede en Son Espases se queda corto, vivimos una situación desastrosa, un marasmo». Quien afirma lo que antecede es un doctor de amplia experiencia, que asiste, entre consternado, estupefacto y alarmado, al descalabro del hospital público más importante de Mallorca. La gerencia del mismo, en manos de la señora Cristina Granados, que hace alarde de supina incompetencia, y, al decir de no pocos, de considerable mala fe, ha llevado al hospital hasta lugares desconocidos en la sanidad pública. Las cosas no tienen perspectivas de mejorar, sino todo lo contrario, porque la consejera de Sanidad del Gobierno de la presidenta Marga Prohens, Manuela García, no parece estar en condiciones de o bien destituir a la gerente o, al menos, embridarla, para poner coto al enfrentamiento descarnado que se da entre los doctores, algunos favorecidos por decisiones incomprensibles en detrimento de otros que ven cómo sus compañeros obtienen beneficios económicos que a ellos se les vetan. Lo peor: el marasmo acabará, si es que no lo hace ya, por repercutir en los enfermos. Son palabras mayores.

¿Por qué no se destituye a la señora Granados? La pregunta tiene fácil respuesta: no se puede o hasta el momento no se ha podido. La gerente llegó a Mallorca rebotada desde Madrid; sus asideros políticos son lo suficientemente potentes para impedir que contra ella se tomen medidas drásticas. El resultado es que la doctora Manuela García, la misma que se niega a que se prohiba fumar en las terrazas de los bares, a pesar de la evidencia científica de que se perjudica la salud de quienes se hallan en las cercanías del consumidor de tabaco, no toma ninguna medida efectiva para corregir la deriva de Son Espases. Cuando dábamos por sentado que se había llegado al límite con la anterior consejera de Sanidad, la socialista Patricia Gómez, la de las mascarillas, enfermera de profesión, parapetada tras su marido, doctor Juli Fuster, llega la popular Manuela García para brincar el más difícil todavía contando, claro está, con la colaboración de Granados. ¿Se podían empeorar las cosas? ¿Superar la nefasta herencia recibida? Por supuesto que sí. Queda acreditado sobradamente por el dúo Manuela García-Cristina Granados. ¿Habrá alguien que dé más en el futuro?

Acotación aberrante.- Se firma algo parecido a un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que sobre el papel pone fin a la guerra reabriéndose el estrecho de Ormuz. ¿Quién es el ganador? ¿Quién o quiénes han perdido? Lo que se daba por imposible: sale victorioso de manera incontestable Irán, su despreciable dictatorial régimen, que no solo se refuerza sino que obtiene prácticamente todo lo que demandaba y no cede en casi nada. La República islámica, reconvertida en una suerte de nacionalismo militarista, seguirá masacrando a su población, y emerge como potencia dominante en la zona. Pierde, de qué manera, el Israel fanático de Benjamín Natanyahu, que sorbe veneno al no haber podido liquidar a su peor enemigo. El primer ministro, que va a las eleccciones en otoño, queda en posición muy comprometida. En pelota picada. Vaya si se le nota.

Lo más llamativo: joder, qué manera de morder el polvo la de Donald Trump, que ha hecho, además de espantoso ridículo, la peor apuesta de su aberrante carrera política. A Trump se la han metido doblada los iraníes. Ha sido engañado por el amigo israelí, troleado por los generales de la Guardia Revolucionaria persa. El negocio de Trump es políticamente ruinoso, aunque las compañías petroleras han hecho suculento negocio. Guerras las han perdido los presidentes norteamericanos una y otra vez (Vietnam, Irak, Afganistán) desde la victoria en la Segunda Guerra Mundial, concluida con el holocausto nuclear en agosto de 1945, pero perder la cara estrepitosamente, solo lo ha protagonizado Donald Trump. La dictadura comunista cubana probablemente pagará las consecuencias. Algo ha de hacer Trump para salvar algunos muebles antes de las legislativas de noviembre.

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