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Opinión | Pensamientos

Un paseo por es Carnatge

Es una mezcla de naturaleza sugerente y envolvente, atronador ruido de aviones y cacas de perros abandonadas por sus incívicos dueños. El trasiego de aeronaves es brutal e intenso

Dos ciudadanos pasean en es Carnatge.

Dos ciudadanos pasean en es Carnatge. / DM

Azares de la vida llevan a un palmesano a frecuentar la zona de Es Carnatge, todo un viaje por el pasado, presente y futuro.

Un familiar cercano ha sido operado en el hospital de Sant Joan de Deu, una intervención de rodilla por la que tiene que hacer una larga rehabilitación. El hospital está integrado en la Red Hospitalaria Pública de Balears y se distingue por su calidad y excelente atención a los pacientes, muchos de ellos derivados de la Sanidad Pública.

Una placa en el vestíbulo recuerda que «Ses Alteses Reials els Prínceps d’Astúries inauguraren aquest edifici el 28 de setembre de 2007». Felipe y Letizia llevaban tres años casados y ahora son los Reyes de España. Han pasado veinte años y la pareja ha mejorado, como el buen vino. «Hospitalidad, calidad, respeto, espiritualidad y responsabilidad», marcan el norte del centro sanitario.

Pegado a Sant Joan de Deu está el Camp Municipal de Ca Na Paulina, donde juega la UD Collerense. En la barrera del campo aparecen otros nutritivos eslóganes: «Formamos deportistas, formamos personas». Esta filosofía se ha traducido en centenares de niños y adolescentes, chicos y chicas, que son mejores almas gracias al fútbol. Y algunas grandes estrellas.

Un poco más lejos, ya en el paseo, se levanta el Club Nàutic Cala Gamba. En su fachada aparece una placa muy ilustrativa. Retrocedemos al 14 de agosto de 1981, Franco apenas llevaba seis años muerto. El entonces «honorable Jeroni Albertí, presidente del Consell General Insular de Mallorca», un precedente del actual Govern, inauguró esa sede social. Eran tiempos de la delicuescente Unión de Centro Democrático, de la que era dirigente el bondadoso Albertí, engendrador luego de Unió Mallorquina. Mateu Zanoguera era ese día presidente del club: así consta para la eternidad.

Mientras el recién operado hace ejercicios para su recuperación, el acompañante pasea por Es Carnatge. Es una mezcla de naturaleza sugerente y envolvente, atronador ruido de aviones y cacas de perros abandonadas por sus incívicos dueños.

El trasiego de aeronaves es brutal e intenso. Seguro que los vecinos del Coll ya no los oyen, pero para el visitante accidental es algo muy molesto. Hay prisa, mucha prisa, por aterrizar y despegar en el aeropuerto de Son Sant Joan. Los aparatos toman tierra cada 50 segundos, uno detrás de otro. Los hay de vistosos colores y otros más discretos, pero todos atruenan. Los turistas están ansiosos por llegar a su isla soñada o tristes por regresar a sus sombríos países.

En el plácido mar navega un pequeño llaut, bautizado como Salmonete. Su dueño quizás va a pescar.

Un inocente corb mari nada cerca de la orilla. Busca comida, bucea, desaparece unos segundos y emerge a varios metros de distancia. Hay algunos humanos que, caña en mano, también intentan capturar algún pez. Eso sí desde las rocas.

El paseo experimenta un gran trasiego de bicicletas, patinetes, patines de ruedas, amos y perros, corredores y andarines. El neófito pronto comprueba que la vía tiene unas normas, que hay que cumplir para no ser atropellado. Solamente unas abuelitas dicharacheras saludan con un «bon dia» al desconocido. El resto, ni mú.

Existe un sendero natural paralelo al camino asfaltado. La zona dunar está delimitada por cuerdas y barreras.

Hay una profusa cartelería con información sobre el lugar y consejos, muchos consejos. El viaje en el tiempo tiene su apoteosis cuando se comprueba que la calita de Cala Pudent, un balneario para perros, contiene «uno de los yacimientos paleontológicos cuaternarios más importantes del Mediterráneo, con abundante fauna fósil del pleistoceno superior». ¿Quién da más?

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