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Opinión | Pensar, compartir...

La demolición de Cas Coronel

Cas Coronel ya no está

Cas Coronel ya no está / A. F. P.

Cuando los medios de comunicación publicaron que ARCA advertía de que se había concedido una licencia de demolición contra una casa singular en la Vileta / Son Serra, se iniciaron una serie de días vertiginosos en los que la esperanza en que triunfara la razón, el interés general y el amor por nuestra tierra fue recibiendo bofetadas, una tras otra.

Como los tentetiesos, junto a muchas personas del barrio, nos volvíamos a levantar esperanzados, con pruebas del valor patrimonial del lugar y con descubrimientos preocupantes sobre una tramitación exprés de la licencia, concedida en unos quince días, hecho que supone un auténtico récord a la hora de facilitar la destrucción de nuestro pasado. Todo legal, parece ser, gracias a la intervención de una empresa externa colaboradora con Urbanismo de Cort.

La casa, al escribir estas líneas, ha sido arrasada ya en un tanto por ciento considerable, y cuando ustedes las lean, probablemente ya no quedara ni un vestigio en pie.

Cas Coronel ya no está. | FOTOS DE A. F. P.

Cas Coronel ya no está. / A. F. P.

Fue construida a partir de los años 40 por un coronel ingeniero, Antonio Oliver Fernández. Y digo a partir, porque aquel hombre y su familia la fueron creando y enriqueciendo a lo largo de los años, tanto por dentro como por fuera, y al morir, en el año 1975, fueron su mujer y su hijo quienes completaron su obra. Se trataba, hablo en pasado y con tristeza, de una villa utilizada como segunda residencia en la que pasaban épocas de vacaciones y se reunían para celebraciones familiares. Un edificio bien construido con acabados en piedra, una espectacular torre con tejado tipo pagoda y un jardín que también recibió mimos por parte de sus moradores. Los grandes pinos, que dan sombra y vida, también están condenados a desaparecer.

Los detalles del interior, con señoriales rejas de hierro, me los describió el hijo de Antonio, Gabriel, hoy un señor extremadamente amable, de 88 años, que ha vivido con gran angustia el proceso de destrucción de la que fue su casa. Un herrero gallego fue el artista principal trabajando en una fragua que improvisaron allí mismo. También la famosa empresa local Garí participó en los trabajos.

Gabriel se enteró del riesgo de desaparición inminente de la que fue su casa y se puso en contacto con nosotros para enviarnos fotografías de los años 80 y explicar el esfuerzo de su padre en construir lo que él calificaba de un palacio. Compraba elementos singulares de casas señoriales que en aquel momento se tiraban abajo, por ejemplo de Can Cera (la insensibilidad viene de antiguo) y las incorporaba a la suya.

La demolición de Cas Coronel

La demolición de Cas Coronel / A. F. P.

He tenido informado a Gabriel de nuestro intento de salvar el edificio y del triste final; pero, para proteger su salud, me he abstenido de enviarle fotos dolorosas. Cuando vendió la casa (no tuvo más remedio por cuestiones de herencias) juró no volver por allí, pero lo hizo el otro día, cuando aún estaba entera. Ahora se siente triste pero muy agradecido, porque quizás se sabe acompañado en la pena por la pérdida.

Dicen que cuando le pones nombre a algún objeto o a algún animal, crece tu vínculo con él. Los afectos se ponen en marcha. Cuando en un barrio como Son Serra, una casa es conocida popularmente por un nombre, en este caso Cas Coronel, significa que esa casa tenía un rastro en la historia y en las vivencias de su vecindario. Y ahora que ha desaparecido solo nos queda indagar un poco en su memoria. Seguro que saldrán muchas curiosidades.

Poco le importan todas estas andanzas a quienes han conseguido demoler en 3 días lo que costó 25 años levantar, arrasando la esperanza de la gente que quería conservar su paisaje, sus recuerdos y su historia.

A la altura del betún ha quedado la empresa que ha procedido a la demolición del inmueble, saltándose su propio proyecto y acometiendo a lo bruto la destrucción de la torre por si acaso a última hora se despertaba alguien con capacidad de decidir y ganas de proteger. Inútil jugada sucia, porque se ve que no había ninguna intención de actuar por parte de técnicos ni de políticos.

El motivo principal de esta inacción es que tenemos un planeamiento urbanístico que favorece la pérdida de personalidad de nuestros barrios y un catálogo de elementos históricos lleno de agujeros por los que se escurre nuestra historia. Se sabe hace mucho, lo advertimos día sí día también. Pero no se actúa con la más mínima celeridad.

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