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Opinión | tribuna

El Papa, el mensaje y la juventud

Jóvenes cristianos durante la vigilia con el Papa León XIV en la vigilia del Papa León XIV en la Plaza de Lima este sábado.

Jóvenes cristianos durante la vigilia con el Papa León XIV en la vigilia del Papa León XIV en la Plaza de Lima este sábado. / JOSÉ LUIS ROCA

Esta semana ha sido la de León XIV, Pontífice Máximo de la Iglesia Católica. He seguido por televisión algunos momentos de los actos organizados para el Papa y me ha sorprendido agradablemente la gran movilización que se ha producido para acompañarle, y no porque la Iglesia, organización temporal, tenga hoy especial predicamento, sino porque la gente siente necesidad de participar en algo diferente al devenir político y a la superficialidad de la vida cotidiana. Se busca algo en la espiritualidad y se desea encontrar el sentido de la vida. He leído recientemente, un libro interesante, Las neuronas de Dios, de Diego Golombek, neurocientífico argentino, que defiende que la creencia en lo sobrenatural esta arraigada en el ADN de nuestra especie. Investigaciones científicas recientes han encontrado en determinados circuitos cerebrales la base de experiencias religiosas y místicas. También, Golombek, cree que la practica religiosa es buena porque reduce la ansiedad, aumenta la empatía y aporta mayor seguridad personal. Las experiencias religiosas surgen a medida que se desarrollaba el proceso cognitivo de los humanos. Porque esto es algo natural, no debe sorprendernos la participación en el encuentro del Papa con la juventud, cerca de medio millón de jóvenes, tan poco nos debe sorprender que en la celebración eucarística en la plaza de la Cibeles de Madrid, hubiese un millón y medio de personas o miles en el Estadi Olímpic de Barcelona. Tal vez la búsqueda de Dios está en determinados circuitos del cerebro como dice Golombek. O quizás en el corazón, quien sabe.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la Inteligencia Artificial, IA, está empezando a desengañar a los jóvenes. The New York Times daba hace unos días una noticia sorprendente. Contaba que Eric Schmit, expresidente de Google, fue invitado a pronunciar un discurso durante la ceremonia de graduación de los estudiantes en la Universidad de Arizona. Dijo, como noticia importante, que «la inteligencia artificial es para los jóvenes de hoy lo que el ordenador fue para los de su generación». Schmit esperaba una aprobación general a esta afirmación, pero lo que encontró fue un abucheo que duro varios minutos. ¿Por qué? ¿Qué ocurre? ¿Qué está cambiando? ¿Se está perdiendo la fe en estas tecnologías? Una de las últimas encuestas de Gallup refleja un agotamiento en el interés que los jóvenes sienten por la IA y en el entusiasmo que despertaba este extraordinario instrumento. La generación Z, nativos digitales de entre 14 y 29 años, que ha crecido inmersa en internet y redes sociales, está empezando a cuestionarse la fe en estas tecnologías. La encuesta dice que el interés por ellas ha pasado del 36% hasta el 22%; además, el 31% de los preguntados dice no querer saber nada e incluso desean sabotearlas. Es más, dado el control en los exámenes para evitar que se copie, los estudiantes están empezando a rechazarlas y a usar «humanizadores» que incluyen errores e imperfecciones, para no ser descalificados por haber utilizado la IA. Otro periódico, The Wall Street Journal, dice que la redacción está modificando el estilo para escribir de una manera menos académica o literaria, introduciendo expresiones coloquiales para parecer más «humanos» y conectar mejor con los lectores.

Si todo eso es así, cuando creíamos que ahí estaba la salvación, si estamos ante un descrédito de los gobernantes, cuando parece que la verdad y la integridad ya no cuentan, y las ideologías políticas ya no interesan, ¿entonces qué les queda a los jóvenes? Probablemente, esos chicos y chicas que fueron a la plaza de Lima en Madrid o en el Palau Sant Jordi en Barcelona, se fijan en que las iglesias y la tradición cristiana llevan ya dos mil años trasmitiendo un mensaje de amor, mensaje que permanece. La Iglesia católica ha recorrido ya veintiún siglos y aquí está el Papa Prevost que habla de paz, solidaridad y perdón, de humanismo cristiano. Un mensaje que hoy puede parecer revolucionario pero que no ha caducado en más de dos mil años. Y tal vez la juventud piensa que puede encontrar en la religión un lugar más sólido, que puede ilusionar tanto a creyentes como a no creyentes. El arte que las Iglesias y los templos acumulan, la belleza que custodian, su liturgia, sus bibliotecas, sus archivos, aparecen como una zona de confort y de esperanza. Confort y esperanza que surgen cuando la fe, la historia y la cultura se cristianizan también en el arte.

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