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Opinión | Pensamientos

Bautizo de mar

La visita al mar de ochenta mayores del interior de España revela las profundas desigualdades que aún persisten en la sociedad: alfabetización, acceso digital, movilidad, idiomas y oportunidades siguen marcando diferencias

Viajes del Imserso

Viajes del Imserso / IMSERSO

Hace unos días ochenta mayores de la España interior vieron, y tocaron, por primera vez en sus vidas el mar en Magaluf. Fue una excursión preciosa, reflejo, en el fondo, de las diferencias en nuestra sociedad.

Es inevitable que contemplemos España con los filtros de nuestra situación económica, nivel cultural, edad, lugar de nacimiento, localidad de residencia, ideología, creencias, e incluso, si me apuran, equipo de fútbol favorito.

Es una perogrullada, pero Mallorca es una isla rodeada de agua por todas las partes. El mar es así algo intrínseco a nuestras vidas, sea como vía de transporte, escenario de baños y deportes náuticos y como valioso fondo de nuestros paisajes. Pero tierra adentro, en otras partes del país, el panorama cambia.

La sorpresa es que también hay mallorquines, pocos, del centro de la isla que nunca, o apenas, se han desplazado a la costa. Esa virginidad marítima es muchísimo mayor si nos vamos a provincias del interior de la Piel de Toro y a hombres y mujeres mayores de 65 años.

La empresa Nexus Integral, del sector de la tercera edad, organizó el viaje a Calvià de 80 residentes de algunos de sus centros de Badajoz, Cáceres, Toledo, Sevilla, Ciudad Real y Ávila. Muchos de los excursionistas también volaron por primera vez en su biografía, algo que choca con los hábitos mayoritarios.

Los participantes, asistidos por 40 cuidadores, chapotearon, se salpicaron, tocaron el agua con pies y manos, olieron la brisa. Fue un momento mágico, disfrutaron como niños.

El nivel de alfabetización en el país ronda el 98,5% del censo, pero hay entre medio millón y seiscientos mil compatriotas que aún no saben leer ni escribir. Son en su mayoría ciudadanos mayores. El perfil medio es el de una mujer, mayor de 65 años y residente en Andalucía o Extremadura.

Debe ser muy difícil moverse por el mundo sin acceder a los innumerables códigos y mensajes alfanuméricos. ¿Cómo se supera ese aislamiento? En mis tiempos de redactor de tribunales vi algunas mujeres detenidas que firmaban su declaración con una simple cruz, mal hecha, además.

También está la brecha digital. Hoy en día es casi tan imprescindible como respirar el tener conocimientos y destrezas informáticos y acceso a internet. Sin embargo, nada menos que el 34% de la población carece de competencias digitales.

Son dos mundos incompatibles: la noche y el día. Unos están hiperconectados y pueden acceder a multitud de trámites administrativos, financieros, mercantiles, lúdicos, telemáticos… Tienen un mundo casi infinito a su alcance.

Otros viven marginados, son dependientes de terceros. Sobreviven en la oscuridad.

Hay más circunstancias que para algunos son casi connaturales y para otros son música celestial. Hablamos del conocimiento, o mejor dicho del dominio, del inglés. Apenas el 24,6% de los nacionales asegura saber o hablarlo. Muchos de los consultados habrán exagerado sus méritos, por lo que el principal idioma del mundo es una asignatura pendiente.

Afortunadamente los jóvenes suelen manejarse bien en inglés, cosa que no les suele ocurrir a sus padres y abuelos. En Balears, por aquello del turismo, tenemos mayor nivel que otras Comunidades Autónomas.

Por último, tan solo 13,5 millones de españoles poseen el carnet de conducir B (el básico para automóviles), frente a casi 36,5 millones que no lo tienen. Y no hablemos del acceso a la vivienda, en propiedad o alquiler. Eso sí que es injusto.

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