Opinión
La generación Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Quique García / EFE
Los jóvenes que votarán por primera vez en las próximas elecciones apenas recuerdan aquel momento. Cuando Sánchez llegó al Gobierno tenían nueve años, para ellos, no existe comparación posible entre distintos presidentes. La generación que estrenará derecho al voto ha crecido con una política española permanentemente instalada en el sobresalto. Han visto desaparecer a buena parte de los protagonistas de la política que dominaba los titulares en 2018. Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, Albert Rivera o Pablo Casado pertenecen ya al pasado. Ciudadanos ha desaparecido, Podemos se ha fragmentado y es casi residual. El Partido Popular ha cambiado de líder dos veces, Sánchez sigue ahí, con Santiago Abascal que es el otro cabeza de cartel nacional que se ha mantenido desde entonces.
La oposición lleva la mitad de este ciclo pensando que el desgaste acumulado acabaría derribando al Gobierno. Sin embargo, la aritmética parlamentaria ha demostrado ser más resistente de lo que muchos pronosticaban, pero ha convertido a los socios parlamentarios en actores decisivos y ha alimentado la percepción de bloqueo. El resultado es un ejecutivo permanentemente cuestionado y una oposición que parece incapaz de sustituirlo.
La moción de censura de 2018 nació por la corrupción. La sentencia de Gürtel no solo tumbó a Rajoy, también permitió a Sánchez construir un relato político basado en la regeneración democrática. La promesa era que una etapa terminaba y otra comenzaba, pero la corrupción, o al menos la sospecha sobre el uso del poder, ha seguido acompañándonos. Ocho años después ha regresado al primer plano con nuevos y antiguos protagonistas. El nombre de Villarejo sigue apareciendo en conversaciones y revelaciones que conectan distintas etapas de la vida pública. Con nuevos protagonistas, como Leire Díez, que descubrimos tienen conexión con la etapa anterior de las cloacas.
Por eso la sensación de ver pasar los gobiernos, cambiar los líderes y variar los casos, pero con dinámicas que sobreviven a todos ellos, convierte el clima político en un estado de agotamiento permanente. Una década atrapada en una red de filtraciones, investigaciones cruzadas y sospechas permanentes.
Este aniversario no solo va de cuánto ha resistido Sánchez, sino de cómo hemos llegado a considerar normal una situación política que en 2018 parecía excepcional. Para los que votarán por primera vez, esto no es una anomalía, es la única España política que han conocido.
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