Opinión | Tribuna
Mallorca merece una respuesta. Y la merece con urgencia
Movilidad, saturación y futuro

Una mujer observa el atasco que tapona la entrada de Palma por la autopista del aeropuerto / Redacción Digital
Muchos ciudadanos nos preguntamos cuál es exactamente el proyecto de futuro para Balears y, especialmente, para Mallorca. No desde la crítica destructiva ni desde posiciones extremas, sino desde la preocupación sincera de quienes admiramos profundamente esta isla y queremos ayudar, aunque sea modestamente, a conservar aquello que la hace única.
La presión sobre Mallorca es cada vez mayor. Y la sensación de saturación ya no se limita únicamente a los meses de verano. El tráfico, la movilidad, la vivienda o la ocupación constante de determinados espacios empiezan a formar parte de la vida cotidiana durante gran parte del año.
Las retenciones permanentes en la autopista del aeropuerto, la saturación de las vías hacia Pollença y otras zonas de la isla o las dificultades crecientes para desplazarse con normalidad son una realidad evidente para cualquiera que viva aquí.
Y probablemente no existen soluciones simples. Soy plenamente consciente de ello.
Precisamente por eso creo que los ciudadanos merecemos conocer cuál es el plan real. Qué modelo de isla queremos construir y cómo pensamos preservar el equilibrio entre calidad de vida, sostenibilidad y crecimiento económico.
También deberíamos atrevernos a hablar con serenidad sobre determinadas situaciones vinculadas al ciclismo en carreteras especialmente conflictivas. Nadie discute el valor del deporte ni de la movilidad sostenible. Pero tampoco podemos ignorar que existen momentos y vías donde la convivencia entre bicicletas, vehículos particulares y transporte profesional genera tensiones importantes de tráfico y seguridad.
Del mismo modo, creo que debemos reflexionar sobre el impacto del modelo actual de cruceros. Evidentemente generan actividad económica y permiten que miles de personas conozcan Mallorca. Pero cuando enormes cantidades de turistas desembarcan simultáneamente en Palma, la sensación muchas veces es la de una ciudad completamente desbordada.
Hace pocos días paseaba por el Born, probablemente uno de los espacios urbanos más elegantes de Europa, y la impresión era que apenas había mallorquines disfrutando de él. Las calles abarrotadas, las terrazas llenas y esa sensación progresiva de que los ciudadanos empiezan a perder parte de su propia ciudad.
Y aun así, quiero dejar muy claro que esta reflexión no pretende ser un ataque al turismo. Todo lo contrario.
Mallorca vive del turismo. Y gracias al turismo tenemos hoteles extraordinarios, una restauración de altísimo nivel, infraestructuras cada vez mejores y miles de personas trabajando cada día para mantener el prestigio internacional de esta isla maravillosa.
También creo que las mejoras del aeropuerto son necesarias. El aeropuerto es la puerta de entrada a Mallorca y la primera imagen que recibe quien nos visita. Debe estar a la altura de un destino internacional de excelencia.
Por eso mismo debemos cuidar Mallorca con enorme inteligencia, sensibilidad y profesionalidad.
No creo especialmente en plataformas eternas, comisiones interminables o debates vacíos que luego no se traducen en decisiones reales. Creo más bien en el trabajo serio y discreto de las personas que tienen la responsabilidad de gobernar y gestionar esta tierra.
Y precisamente por eso pienso que sería bueno encontrar un gran equilibrio entre sensibilidades distintas. Entre quienes priorizan la protección del territorio y quienes entienden la importancia económica del turismo y de la actividad empresarial. Porque seguramente el futuro inteligente de Mallorca no estará en los extremos, sino en el equilibrio.
En mi profesión, como cirujano, cuando afrontamos un problema complejo, primero analizamos la situación, estudiamos cuidadosamente todas las pruebas y después diseñamos un plan claro. Y cuando existen posibles complicaciones, también se preparan alternativas.
Me pregunto si estamos haciendo exactamente eso con Mallorca.
No escribo estas líneas desde una posición política concreta. No hablo de izquierdas ni de derechas. Hablo simplemente como ciudadano, desde el respeto y desde el cariño profundo hacia «Sa Roqueta».
Porque estoy convencido de que todos queremos exactamente lo mismo: cuidar esta isla extraordinaria y conseguir que dentro de diez, veinte o treinta años Mallorca siga siendo uno de los lugares más maravillosos del mundo para vivir, trabajar y visitar.
Y para conseguirlo, probablemente ha llegado el momento de empezar a hablar con claridad, serenidad y visión de futuro.
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