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Opinión | editorial

Editorial

La movilización por ‘La Balanguera’, reflejo de una inquietud colectiva

Un millar de escolares mallorquines reivindican el "valor cultural" de La Balanguera en la Misericòrdia de Palma

Un millar de escolares mallorquines reivindican el "valor cultural" de La Balanguera en la Misericòrdia de Palma / G. Bosch

En un momento en que la lengua catalana pierde presencia en ámbitos cada vez más amplios de la vida administrativa y cotidiana y en que Mallorca afronta una transformación acelerada de su paisaje físico y humano, el canto colectivo de La Balanguera adquiere una dimensión que va mucho más allá del hito musical. La iniciativa, promovida por la Obra Cultural Balear (OCB) con la voluntad de reivindicar uno de los símbolos compartidos de la isla y de recordar que la identidad mallorquina no es una realidad inmutable, sino una construcción común que requiere ser cuidada, transmitida y actualizada con seny generación tras generación, llenó el viernes calles y plazas en todos los municipios, movilizó escolares, coros y bandas, aunando miles de voces de distintas generaciones, condición social y sensibilidades políticas. La metáfora de la hilandera que teje el pasado, el presente y el futuro -obra de Joan Alcover musicada hace un siglo por Amadeu Vives-, conecta con una idea de continuidad histórica que hoy se ve amenazada. El crecimiento demográfico y turístico, la presión urbanística, la dificultad de acceso a la vivienda y la creciente homogeneización cultural han contribuido a un sentimiento cada vez más extendido de pérdida de referentes propios, de paisajes, de bienestar. Es en este contexto, marcado además por la polarización, donde la respuesta masiva a la movilización auspiciada por la OCB cobra especial significado. El objetivo no era únicamente interpretar una canción, sino convertir el acto en una afirmación colectiva de pertenencia y de compromiso con la lengua, la cultura, el territorio y la memoria. La amplia respuesta social obtenida refleja no solo la potencia de La Balanguera como punto de encuentro, también retrata la gran preocupación por el futuro de la isla entre quienes la habitan.

Además de celebrar el centenario de la canción, se cumplen treinta años de su declaración como himno de Mallorca. Lo que hoy parece indiscutible, entonces fue motivo de controversia. «No desaproveche la oportunidad histórica de pronunciarse a favor del himno de Mallorca, como ya hiciera trece años atrás en la votación del Estatut», pidió en 1996 sin éxito la entonces presidenta del Consell, Maria Antònia Munar, al PP, que acabó absteniéndose. Tres décadas después, el himno parece haber superado buena parte de aquellas reticencias, a excepción de Vox. La Balanguera, bella conjunción entre tradición literaria popular y la culta, ha acabado consolidándose como símbolo de Mallorca y forma parte de los actos oficiales de la isla. Sin embargo, el debate de fondo sobre la lengua, la identidad y el modelo de desarrollo sigue plenamente vigente. Como la araña de arte sutil, Antoni Llabrés, lúcido presidente de la OCB, no cargó tintas en el discurso para no romper hilos y conseguir el respaldo social mayoritario finalmente obtenido. No por ello dejó de reclamar consciencia, perseverancia y voluntad colectiva para afrontar con responsabilidad los desafíos de nuestro tiempo. No basta cantar, hay que actuar. Cuando miles de personas entonan juntas La Balanguera, lo que se expresa no es solo el apego a una canción, sino la voluntad de seguir tejiendo, como la vieja hilandera del poema, el hilo que conecta la Mallorca ancestral con la actual y que puede ayudar a afrontar los retos del futuro sin renunciar a esa rica y genuina esencia que la hace singular.

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