Opinión
El Govern, contra el aeropuerto de Palma

Imagen del cartel publicitario en el aeropuerto de Palma que el Govern ha pedido retirar / P.V
El aeropuerto de Palma parece haberse convertido en el perfecto chivo expiatorio de un Govern que se sitúa a un año de las elecciones sin haber dado ningún paso verdaderamente significativo contra la saturación turística y todo el malestar ciudadano que genera de forma directa e indirecta. Y vuelca esa frustración contra la gestión de Son Sant Joan, sus récords de pasajeros, las molestias que sus obras generan al ciudadano o su gestión no compartida. Sin perder una sola oportunidad durante el último año para avivar el fuego. Como si quisiera trasladar a Aena las culpas de sus males o la responsabilidad por sus decisiones no tomadas. Y, por extensión, al Gobierno, por supuesto.
Que nadie controla todo el sistema completo que alimenta la saturación es algo sabido, pero todos influyen en él y son responsables de sus decisiones. El mercado turístico de hoteles, aerolíneas y alquileres aumentando o disminuyendo el volumen de turistas. El Estado, regulando la aviación y la conectividad para que esos turistas puedan llegar a sus destinos. Aena, gestionando la capacidad aeroportuaria y los vuelos para atender esa demanda. Y el Govern, regulando los impactos territoriales y sociales, con capacidad de ordenación turística, de regulación del alquiler vacacional, del aumento de la fiscalidad turística y de ordenación del territorio y de la vivienda. Izando la bandera de la contención sin medidas que le den un contenido. Y a la vez buscando el consenso con hoteleros y operadores del alquiler turístico para no perjudicar a la economía.
Y en esa línea de actuación, esta semana el aeropuerto de Palma le ha dado una oportunidad de oro al Govern para volver a lanzarse a su yugular, con el error garrafal de colgar en la fachada de su aparcamiento una lona gigante publicitaria con el mensaje: "Was auf Malle passiert, wird auf Malle beglichen", que puede traducirse como "Lo que pasa en Mallorca se salda en Mallorca", reduciendo a la isla a "Malle", la fiesta y el descontrol, el alcohol, los excesos y el turismo de borrachera. Lo que ha permitido al Govern volver a situar al aeropuerto en su diana, acusarlo de fomentar el turismo de excesos que el Ejecutivo supuestamente combate y exigir la retirada del cartel publicitario. Lo que el aeropuerto de Palma debería haber cumplido, no tanto porque se lo pidiera el Ejecutivo, sino porque ese anuncio resulta ofensivo para toda la sociedad. Ahora esperamos idéntica reacción de las administraciones públicas contra los empresarios que desde Mallorca sustentan ese turismo de excesos.
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