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Opinión

La cadencia en política

Cuando la política se vuelve abrupta, agresiva, cuando solo busca la confrontación, el resultado es peligroso, se debilita el sistema y aumenta la desconfianza en las instituciones

Ha unas semanas escribí, y Diario de Mallorca publicó, un artículo que titulé Amabilidad, en el que resaltaba y ennoblecía el comportamiento solidario de unos deportistas hacia un compañero extenuado en una competición. Me animó a escribirlo una imagen del último maratón celebrado en Boston en la que aparecían dos maratonianos ayudando a un tercer corredor que se había desvanecido. Quisieron que pudiese alcanzar la meta. La ayuda al corredor caído, les supuso verse afectados en sus resultados, hicieron peor marca. Hoy me ha pedido un seguidor de artículos de opinión que diga algo sobre el espectáculo que está dando la política nacional y el circo que se monta en el Congreso de los Diputados, en cuyo hemiciclo los parlamentarios hacen lo contrario que hacen los deportistas, se insultan, se desprecian y se denigran con entusiasmo, importándoles poco las consecuencias negativas que conlleva este comportamiento, entre otras, desafección democrática. Cuando la política se vuelve abrupta, agresiva, cuando solo busca la confrontación, el resultado es peligroso, se debilita el sistema y aumenta la desconfianza en las instituciones. Los discursos confrontativos, polarizados, que priorizan el conflicto antes que la solución, no solo no consiguen adhesión a sus planteamientos, sino que crean tensión, rechazo y apartamiento. Creo innecesario escribir algo sobre la situación política que vive el país, cada día amanece con un nuevo escándalo. Los ciudadanos, ante esto, perciben inestabilidad, improvisación y rechazo, pueden llegar a la conclusión de que el sistema político no funciona, que no ofrece seguridad ni representación real. La gente no es así, es mucho mejor. Entonces, el hartazgo por la política radicaliza las conversaciones y tertulias, disminuye la calidad de la convivencia. La democracia se basa en el dialogo, en la participación ciudadana y en la estabilidad de las instituciones y esto se está resquebrajando.

Además, los discursos e intervenciones de los parlamentarios en las cámaras están faltos de la necesaria cadencia. Cadencia, esa cualidad propia de la oratoria, tan importante para llegar a la gente, para convencer. Juegan un papel importante las pausas, la modulación de la voz y el orden en las ideas. La cadencia trasmite seguridad, autenticidad, cercanía y sinceridad. Deberían tomar nota de que la cadencia estética y emocional es además buena para alejar la vulgaridad que está llenando el Parlamento. Cadencia, del latín cadentia —del verbo cadere—, significa declinar, se usa para conseguir un descenso gradual en el tono de voz, incluso en los movimientos y gestos. Hablar con cadencia aporta equilibrio, orden y armonía. En música, la cadencia en frases de la partitura nos dice que la sinfonía está decreciendo, que decae, que va a terminar. Aunque cadencia se relacione habitualmente con el ritmo musical, su significado y aplicación puede ir más allá, es conveniente hablar pausadamente, pensar, escribir y hablar de forma ordenada, y armónica. También es bueno que los movimientos de una persona sean cadentes. En literatura es necesario escribir las frases con un cierto ritmo, eso facilita la lectura. Winston Churchill destacó siempre la importancia de la cadencia y la cortesía en el debate público y añadía que la cortesía es tan importante como la verdad. Cicerón escribió que el buen orador debe combinar elocuencia, ritmo y respeto.

En la vida diaria encontramos algunas ciudades que conservan cadencia y otras que no; los pueblos de Mallorca y de Menorca, por ejemplo, dan sensación de vida pausada; Venecia, sin turistas, también, por el contrario; Nueva York transmite solamente dinamismo y energía. Mantener la cadencia en cualquier aspecto de la vida da impresión de poseer un ritmo ordenado en la existencia. Hubo políticos que se expresaban con euritmia y cadencia, Barack Obama, Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González. Barack Obama también en la forma de moverse, de caminar, lo hacía de forma elegante. David Niven o Grace Kelly caminaban, en el cine, con movimientos armoniosos y cadentes. Sería aconsejable que los que van a intervenir en política, en el Parlamento, tomasen unas lecciones de oratoria y de buenas formas. Así en vez de vociferar y gesticular en tonos agresivos lo harían de forma pausada y no tan desagradable. Parece claro que se puede vencer al adversario hablando bien, manteniendo las formas, y, por supuesto, discrepando al tiempo que se proponen soluciones.

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