Opinión | las cuentas de la vida
El ángel de la ciudad
Historia y literatura custodian las ciudades

El ángel de la ciudad / .
La ciudad de Palma cuenta con un cronista excepcional en la figura de Bartomeu Bestard Cladera. Me refiero a su último libro: Historia de la Ciudad de Palma, que acaba de publicar Dolmen y que une a su voluntad enciclopédica –un sello muy siglo XIX– un firme pulso literario, nunca exento de amenidad. Pero hablo también de sus libros anteriores, entre los que quiero destacar las Memorias de un viejo cónsul o su original ensayo L’escut del rei. Història de la Casa Reial de Mallorca a través de la seva heràldica. Bestard disfruta explicando la historia y el lector disfruta leyéndola. El deleite de ambos constituye siempre el paso previo a la cultura. El buen gusto, explicaba en su correspondencia el sabio Jean-Baptiste Porion, consiste en conservarse fresco en cualquier circunstancia, por muy difícil que sea. Esta jovialidad es marca de la casa en Tumi Bestard.
Pero volvamos a su Historia de la Ciudad de Palma, que tiene mucho de diccionario sentimental. Trata de la historia de Palma, sin olvidarse de la geografía íntima de la ciudad: sus calles y monumentos, sus gentes, sus fiestas y costumbres, sus instituciones y sus antiguos jardines. En cada página descubrimos la profundidad del tiempo, algo propio de nuestra filiación mediterránea. Nada puede leerse aislado de su contexto y uno adivina la gran historia detrás de la pequeña intrahistoria. El comercio y la religión, la prosperidad y el hambre, el deseo de poder y los límites de la realidad se replican siglo tras siglo. Sancha de Mallorca nos pone en contacto –aún hoy– con Jerusalén y Felipe de Mallorca con los zelanti franciscanos en Nápoles. El capítulo que dedica a san Gabriel, ángel custodio de nuestro reino, es revelador. En la Biblia hebrea, cada una de las naciones –en total setenta y dos– tenía asignado un ángel protector; todas menos Israel, que dependía directamente de Dios y que, por ello mismo, se consideraba el pueblo elegido. Era el paso de la nación a la patria: una fina distinción que hoy se ha perdido, aunque el concepto todavía perdurara a principios del siglo XX, como constatan las novelas de Joseph Roth. Que los reyes de Mallorca decidieran poner la Corona propia bajo la advocación de un ángel suponía ya una temprana voluntad de individuación frente al poder de la Corona de Aragón. En tiempos de Jaume II, nos recuerda el cronista, el arcángel vigilaba la ciudad desde lo alto de sa torre de s’Àngel. «Años más tarde -leemos-, el franciscano Francesc Eiximenis en su Libre dels Àngels dejó escrita esta costumbre medieval: ‘Sobre los portals de la ciutat posaren una bella ymatge d’àngel que tenia una bella creu en la mà sinestra e ab la dreta senyava la ciutat’». Fue Jaume III quien colocó finalmente sobre su yelmo la cimera de un ángel que sujetaba el escudo de los reyes de Mallorca y protegía, por ende, el reino.
Junto a la gran obra sobre Palma que es En la ciudad sumergida de J. C. Llop, el nuevo libro de Bestard nos permite enriquecer la perspectiva histórica de la ciudad. Ambos textos se convierten así en custodios del pasado, del presente e incluso del futuro.
Suscríbete para seguir leyendo
- Dani Fernández detiene su concierto en el Mallorca Live Festival 2026 por una emergencia médica: “La salud de la gente es lo primero”
- Javier González, caravanista: «Los hijos y nietos de mallorquines acabarán como yo en caravanas»
- Demichelis acuerda su marcha al Leipzig, que deberá pagar al Mallorca la cláusula de 2,5 millones
- Unas 400 personas trabajarán en el montaje del concierto de Alejandro Sanz en Palma
- Herida una joven al ser arrojada de un coche en marcha en el Passeig Mallorca de Palma
- Seis años de cárcel para el conductor tiroteado por la Policía de Capdepera tras intentar atropellar a varios agentes
- La nueva campaña de bonos del pequeño comercio arrancará el próximo jueves: cómo canjearlos y tiendas adheridas
- Aitana convierte el Mallorca Live Occident 2026 en una extensión de su 'Cuarto Azul'
