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Opinión | Tribuna

Solo queda un Congreso Extraordinario

Es probable que Pedro Sánchez necesite un reciclaje profundo. Quizás, un paso por el segunda o tercer plano, algo así como el destierro obligado antes de retornar como triunfador a la secretaria general

Manifestante porta pancarta con lema '¡Disolución de la mafia socialista' durante una manifestación para exigir la dimisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Manifestante porta pancarta con lema '¡Disolución de la mafia socialista' durante una manifestación para exigir la dimisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / EP

La imputación al expresidente Rodríguez Zapatero es la guinda en el proceso de descomposición moral del partido socialista. Remando a contra corriente el presidente Sánchez ha tenido que lidiar con sucesivas crisis sobrevenidas unas externas y, otras, por decisiones políticas de riesgo; como la política en Catalunya tras el Procés.

Pedro Sánchez no lo ha tenido fácil. La pandemia del Covid-19 (2020-22), la guerra de Ucrania (Desde 2022), los indultos al Procès (2021) y la Ley de Amnistía (2025) que buscaban pacificar la política en Catalunya, con éxito; crisis con Marruecos, a raíz del reconocimiento de Trump de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental y el cambio de posición de España y el daño a las relaciones con Argelia, ahora superado. Sin olvidar la vigente guerra de Irán y el plante del presidente a no a seguir las aventuras de Trump y Netanyahu, erosionando la fortaleza del presidente Sánchez tocado además, personalmente, por los casos judicializados de personas muy relevantes y allegadas; y, ahora, por la imputación a su máximo colaborador, y referente entre las filas socialistas, el expresidente Zapatero.

Es probable que Pedro Sánchez se haya agotado. O, al menos, que necesite un reciclaje profundo. Quizás, un paso por el segunda o tercer plano, algo así como el destierro obligado antes de retornar como triunfador a la secretaria general.

Pedro Sánchez se ha equivocado en varias ocasiones. Forzó la repetición electoral en 2019, sin haber leído bien la realidad política que le imponía un gobierno de coalición con Podemos. En las elecciones de 28 de abril, Podemos obtenía 42 diputados por 123 del PSOE.

El mesianismo de Sánchez le hizo pensar que una repetición electoral dragaría votos a favor del PSOE pero, de resultas, en las elecciones de 10 de noviembre, en plena convulsión violenta por las sentencias del Procés, el PSOE perdió tres diputados, Podemos bajó a 35, pero siguió siendo imprescindible para formar una mayoría izquierdas. La pirueta de Sánchez significó, de rebote, impulsar a Vox que pasó de 24 a 52 escaños, liquidó a Ciudadanos que debilitaba al PP, pasó de 57 hundiéndose a 13, y, lo más relevante, el Partido Popular recuperó el ánimo al pasar de 66 a 89; erigiéndose, claramente, como el partido de Oposición.

El segundo error de bulto de Pedro Sánchez, demostrando su exceso de fervor por sí mismo, fue no querer tomar las medidas legales de volver a la mayoría para la elección del Consejo del poder Judicial, deshaciendo la reforma que Rajoy había impuesto de mayoría cualificada. Dejar a beneficio del Partido Popular la elección del Consejo del Poder Judicial ha contribuido a los desmanes judiciales que ya se irán viendo. Lo del Fiscal General, como ejemplo palmario.

Y, en ese relato de errores garrafales, no se puede obviar la reflexión existencial de abril de 2024, cuando el Presidente amagó con retirarse. Aquella mini crisis autoimpuesta, se cerró con el anuncio de impulsar la regeneración democrática. No consistió en nada sustancial. Podría haber desarrollado un cambio en la ley electoral: listas desbloqueadas y derogar la ley d’hondt y medidas de ahorro, como que los ciudadanos recibamos una solo sobre con propaganda electoral de los partidos. O buscar un consenso para modificar el sentido del Senado. No se impulsó ninguna mejora al sistema democrático. Todo aquel plante pareció una pataleta infantil

El PSOE ha entrado en una fase peligrosa de descomposición. Similar al que ha dado al traste con el socialismo francés. O con la izquierda italiana, que cada cita electoral ensaya fórmulas experimentales.

En el PSOE, es el momento de consultar a la militancia y preparar un nuevo liderazgo con garantías para las próximas elecciones generales en las que no puede estar Pedro Sánchez.

Un Congreso Extraordinario en octubre, con margen suficiente para las citas electoral, con un liderazgo de equilibrio interno y con capacidad de trazar acuerdos con otras líneas ideológicas. Patxi López, que fue Lehendakari en 2007 con los votos del PP, sería el candidato adecuado.

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