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Opinión | Tribuna

Política medioambiental

No aprovecharse de energías limpias y baratas como el sol, el viento o el mar es antieconómico

El 6 de mayo, el Washington Post publicó una inquietante fotografía del mapa de calor del Ecuador terrestre captada por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF). El organismo advierte que en 2026 se producirá uno de los fenómenos de El Niño más intensos jamás registrados con efecto cascada sobre los patrones climáticos globales. Prevé que las aguas del Pacífico ecuatorial aumentarán 3 grados Celsius (5,4 Fahrenheit) dando lugar, según el profesor de ciencias atmosféricas Paul Roundy de la Universidad Estatal de Nueva York, «al mayor fenómeno de El Niño desde 1870». Supondrá «temperaturas en máximos históricos, sequías, inundaciones, calor, humedad y hielo marino en todo el planeta». El Niño liberará el calor del océano alterando los patrones de vientos globales y provocando que los sistemas meteorológicos actúen como cintas transportadoras. El Post publica imágenes de calor del planeta desde 1982 hasta 2026 ilustrativas del avance del cambio climático.

El estudio contrasta con las políticas medioambientales norteamericanas y recuerdan la conversación entre Xi Jinping y Obama en la que el chino le dijo al americano que «no entiendo como los americanos han votado a Trump». El Clean Economy Works Project Tracker, organismo independiente que monitoriza la climatología mundial, afirma que Trump ha cancelado 61 proyectos medioambientales tirando a la basura 34.760 millones de dólares que han supuesto 38.031 puestos de trabajo perdidos. Que ha retirado las licencias eólicas en toda la plataforma continental marina; las subvenciones a vehículos eléctricos; ha levantado las restricciones sobre emisiones de vehículos diésel y gasolina; acelerado los permisos para explotar los recursos naturales de un santuario medioambiental como Alaska y eliminado los créditos fiscales a las energías eólicas, solares y de hidrógeno limpio.

Leah Stokes, profesora en la Universidad de California, vincula esas políticas con la corrupción. Argumenta que favorecen la industria de combustibles fósiles, las sucias y costosas centrales de carbón y las centrales eléctricas antieconómicas -algunas de las cuales estaban averiadas u obsoletas- trasladando a los americanos la factura de su reconstrucción porque los propietarios de las unas y las otras son empresarios que contribuyeron a la campaña de Trump. Han supuesto un incremento de la factura del contribuyente de 415 dólares, a los que hay que sumar los 285 por el cierre del estrecho de Ormuz. Pero es un gran negociador, dicen.

De otra parte, EE UU ha pasado de ser un productor de petróleo mediocre a convertirse en el mayor productor del mundo, por encima de la OPEP, gracias al boom del fracking, las arenas bituminosas de Canadá y el aumento del bombeo en Brasil y Argentina. No han cerrado Ormuz casualmente, Trump lo boicotea porque es su gran negocio y nuestro gran problema. Y ambas cosas le interesan.

Sus políticas arancelarias a las células y módulos solares de Camboya, Vietnam, Tailandia y Malasia, que suponían el 80% de las importaciones fotovoltaicas americanas, son un ataque a la energía limpia y barata, encarecen su construcción y trasladan el coste al ciudadano americano. Convierten a China en líder mundial en materia energética (510.000 millones de dólares) frente a EE UU (236.000 millones) y aumentan la dependencia americana de China. Otro gran negocio.

No aprovecharse de energías limpias y baratas como el sol, el viento o el mar es antieconómico. El estudio concluye que España obtenía un tercio de su electricidad del carbón hace 25 años; que el gas en el año 2000 suponía el 30 por ciento de la generación de energía, mientras que en 2026 supone el 19 por cien; que la nuclear se mantiene estable en el 19 por ciento mientras la eólica y la solar aportan el 45%. Nos citan como referente y ejemplo a seguir porque los científicos no hacen política, hacen ciencia y esta es pragmática, focalizada en nuestro bienestar y progreso aun a pesar de los reaccionarios.

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