Opinión
Andalucía: las lecciones

Collage candidatos elecciones Andalucía / EFE / EUROPA PRESS / Vox
Hoy es el primer día de un nuevo tiempo político que obligará a los dos principales partidos a redirigir, afinar e innovar sus estrategias. Después de un ciclo electoral agitado -Extremadura, Aragón, Castilla y León, Andalucía- se inicia un silencio electoral que, a excepción de las municipales, no se romperá hasta julio de 2027, cuando Pedro Sánchez convoque elecciones. Y esta es la primera conclusión de los resultados de Andalucía: Sánchez no adelantará las elecciones. No tiene motivos, y necesita tiempo para preparar el nuevo asalto a la Moncloa. Sánchez domina completamente el calendario electoral y esta es una herramienta poderosa frente a un adversario que no acaba de encontrar el discurso, y que está atenazado por el verbo incendiario de la extrema derecha.
Los resultados del 17M andaluz generan tres titulares indiscutibles. El primero, que el PP tiene un resultado espectacular (19 puntos más que el PSOE, dominio en las ocho provincias y más votos absolutos), pero no ha conseguido el objetivo más valioso: evitar «el lío» de tragarse el sapo de Vox. El segundo también es rotundo: el PSOE ha recibido una paliza monumental y ha consolidado la pérdida de un territorio que había sido emblema del poder socialista. Y el tercero, la novedad: el único crecimiento en la izquierda pasa, según ha demostrado Adelante Andalucía, por la vía de la defensa territorial. Después hay titulares menores, como el hecho de que Podemos no remonta, tal vez porque no se ha desvinculado de Sumar, partido que a estas alturas ya es una rémora. O, también, que Vox se aleja de los sueños del 20% electoral, aunque ha sobrevivido a los líos internos de los últimos meses. Pero más allá de los detalles, Andalucía ha enviado un mensaje muy claro al PP y al PSOE: tienen que reinventarse, si el primero quiere llegar a la Moncloa y el segundo quiere evitar marcharse.
Las lecciones de Andalucía para el PSOE deberían obligar a los estrategas de Ferraz a remontarse a 2018, cuando perdieron su feudo andaluz, que siempre había parecido inexpugnable. Es posible que en aquel momento creyeran que la investidura de Moreno Bonilla era un mero accidente geográfico, una inclemencia pasajera que fácilmente volvería a la bonanza, no en vano Andalucía siempre sería socialista. Pero ocho años después, con un incremento sostenido del dominio derechista en toda Andalucía, es evidente que aquel giro de guion no era una anécdota, sino una categoría. No solo no entendieron que algo profundo estaba pasando en la sociedad andaluza, sino que mantuvieron una dejadez indolente que convertía Andalucía en una mera sucursal de Madrid. Quedaba lejos el andalucismo militante de Rafael Escuredo, el primer presidente socialista de la Junta, que luchó por dotar a Andalucía del máximo de soberanía. Y es por esa grieta por donde se ha colado la gente de Adelante Andalucía. No hace falta decir que poner a María Jesús Montero como candidata reforzaba la idea de una autonomía sucursalizada, sin discurso propio y con dirigentes que olían a rancio. Además, una candidatura fallida que vuelve a demostrar que ir colocando ministros del Gobierno en las candidaturas resta votos por todas partes. Y más allá del tema regional, es un hecho que cualquier retorno de Sánchez al poder pasará por el crecimiento de los partidos a su izquierda, y las alianzas que se generen. En este sentido, la lección de Andalucía también es evidente: el PSOE solo no llegará a ninguna parte. Eso significa que en los próximos meses tendrá que encontrar la manera de moderar su discurso (cada vez más radicalizado) y dejar las posiciones radicales a los partidos a su izquierda, para que tengan cierto oxígeno.
Las lecciones para Feijóo también le obligarán a redefinir profundamente su hoja de ruta, dado que la estrategia de diseñar una vía rápida hacia la Moncloa a través de éxitos electorales territoriales ha resultado un fracaso: solo ha servido para perder la mayoría absoluta de Moreno y para dar réditos electorales a Vox, que ayudan a ahogarlo. Feijóo se ha instalado en la única idea de la caída inevitable de Sánchez, sin capacidad de tejer alianzas más allá de la extrema derecha y sin un discurso propio que consolidara su liderazgo. Es el líder, pero no lidera, y ese vacío no lo ha llenado con los éxitos electorales autonómicos, porque en todos ellos Vox marca el paso. El paso y la radicalidad del relato.
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