Opinión
Andalucía merece un gesto de responsabilidad
El desastre del partido socialista era de esperar no solo por una candidata muy quemada políticamente, sino también por la mala suerte del calendario

José Ignacio García dice que Adelante Andalucía "le ha quitado la mayoría absoluta al PP" / .
Las elecciones andaluzas han mostrado que la región del sur, la nacionalidad o la nación, según dónde queramos poner el acento diferencial, sigue por derroteros electorales propios y, como en Canarias, la fortaleza de la singularidad suma votos que podrían ir más allá del eje ideológico derecha-izquierda. Parece que la nacionalidad del sur, se diversifica electoralmente y se mira en Catalunya.
Con la excepción de Almería y Jaén, donde la derecha ha sumado el 60% del voto, y la demografía no da para sumar restos, en las otras provincias Adelante Andalucía ha obtenido representación. Y en Cádiz y Sevilla, donde tenía los dos únicos diputados, ha sumado otro escaño. Un éxito indudable máxime cuando ha tenido que competir con Por Andalucía, la colación liderada por Izquierda Unida a la que se unió Podemos; ante el temor de quedarse fuera de juego como en Castilla y León.
No se sabe si estás elecciones marcarán tendencia en Andalucía, pero el hecho de que la participación haya aumentado en un 8,7%, y en provincias como Granada, Córdoba, Málaga y Huelva rozando el 10%, da para especular que la radiografía electoral del domingo pueda ser sostenible.
A falta de un análisis pormenorizado del comportamiento en cada demarcación electoral, a bote pronto se observa que los escaños sumados por Adelante Andalucía en las provincias donde antes no tenía representación lo han sido a costa del partido popular, con la interrogante de Huelva donde tanto el PP como el PSOE han perdido un diputado.
El desastre del partido socialista era de esperar no solo por una candidata muy quemada políticamente, con un talante histriónico en contraste con el tono moderado y pacificado de la campaña electoral, sino también por la mala suerte del calendario.
Por el ruido judicial de los casos que afectan a personas que han sido puntales del presidente Sánchez, su mujer incluida, sin obviar el trágico accidente, con resultado dos muertes, de agentes de la Guardia Civil en su lucha contra el narcotráfico. Dígase lo que se quiera, pero la seguridad es la mayor de las responsabilidades del Estado. Sin la prevalencia de las leyes y del estado sobre el crimen, no es posible articular un estado de derecho y de prosperidad social.
Adelante Andalucía, nacida en Cádiz, la ciudad que no pudo ser ocupada por las tropas de Napoleón y donde amaneció la primera Constitución, tuvo su singularidad política, la izquierda más a la izquierda, durante la hegemonía socialista. Tiene trayectoria propia independiente de servidumbres, más aún por cuanto no está en el bloque de investidura; no tiene representación nacional.
Podría, Adelante Andalucía, con 8 escaños, ¿tener alguna utilidad política ante un futuro monocorde?
Una abstención en la investidura de Juanma Moreno, a cambio de negociar medidas de gestión en los temas más sensibles y orillar a Vox, daría sentido a la minoría diferenciada que los ciudadanos andaluces han votado.
Adelante Andalucía tiene la oportunidad de marcar espacio, sin perder su entidad de izquierda, contribuyendo a servir los intereses de los andaluces impidiendo la agenda de Vox y centrando al PP andaluz.
Es posible que esta no fuera la agenda del socialismo que quiere llegar a las elecciones generales planteando el «yo o el desastre» pero sería un error que por una distorsión discursiva los votos de Adelante Andalucía se fueran al retrete por cuatro años.
La oportunidad de rescatar la senda centrista de Juan Moreno, para modelo de un PP desnortado entre la inefable Isabel Ayuso y la vencida, en no querer nada con Vox, María Guardiola, responsabiliza a Adelante Andalucía para dar un golpe de timón a la política andaluza y de rebote, nacional, aportando moderación y acuerdo.
Facilitar una investidura del Partido Popular en Andalucía, como hiciera Izquierda Unida con José Antonio Monago en Extremadura, en 2011, sería la mejor estrategia para desactivar a Vox y abrir brecha para la reconducción ideológica del Partido Popular.
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