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Opinión | editorial

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Centro de salud de Manacor, el choque de dos modelos sanitarios

El hospital Son Llàtzer celebra el Día de la Enfermera.

El hospital Son Llàtzer celebra el Día de la Enfermera. / CAIB

La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Balears (TSJB) que obliga al cese de la coordinadora del centro de salud de Sa Torre-Manacor por ser enfermera y no médica ha reavivado una discusión de fondo: quién puede liderar un centro de salud en la atención primaria y qué modelo de gestión necesita la sanidad pública en el siglo XXI. El conflicto comenzó tras el recurso presentado por el Sindicato Médico de Balears (Simebal) y el Col·legi de Metges de les Illes Balears (COMIB) contra el nombramiento de Neus Salas, enfermera que dirigía el centro desde 2019 tras ganar un concurso público basado en méritos, experiencia y un proyecto de gestión, y que durante años ha ejercido el cargo sin conflictos relevantes y con el respaldo de buena parte del personal. Sin embargo, el fallo del tribunal le aparta del puesto. Según su interpretación del decreto autonómico que regula las competencias de las direcciones de atención primaria, el cargo incluye tareas como la supervisión de programas clínicos, la coordinación de profesionales médicos o la evaluación de determinadas actuaciones asistenciales que requieren la condición de facultativo. Organizaciones como el Col·legi Oficial d’Infermeres i Infermes de les Illes Balears (COIBA) o el sindicato SATSE, y hasta el propio IB-Salut, que también recurrirá al Supremo, consideran que la sentencia responde a una visión «anacrónica» de la atención primaria. Defienden que la gestión de un centro requiere capacidades de organización, liderazgo y coordinación de equipos multidisciplinares, competencias que no dependen exclusivamente de ser médico. Por contra, la coordinadora ha recibido un notable apoyo social, especialmente en Manacor. Profesionales del centro, sindicatos y colectivos ciudadanos han respaldado públicamente la continuidad de Neus Salas. Consideran que impedir a una enfermera dirigir un centro de salud supone un retroceso en la evolución de la sanidad pública.

Lo cierto es que la formación universitaria en enfermería incluye cada vez más contenidos relacionados con gestión sanitaria, salud comunitaria y dirección de equipos multidisciplinares. En España, las enfermeras han asumido de hecho cada vez más funciones relacionadas con pacientes crónicos, educación sanitaria y coordinación asistencial, especialmente ante la falta de médicos de familia. En otros países europeos existen modelos más flexibles, con un enfoque más preventivo y comunitario para dar respuesta a desafíos como el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas o la salud mental, entre otros. En Reino Unido, las enfermeras desempeñan desde hace años funciones directivas y de coordinación en centros de salud. En Suecia, Finlandia o Países Bajos son habituales los equipos transversales y los liderazgos compartidos, donde la gestión no depende exclusivamente de médicos. En cambio, países como Francia o Alemania mantienen estructuras más tradicionales. El caso de Manacor simboliza el choque entre dos modelos sanitarios: uno más jerárquico, que reserva determinados cargos a los médicos, y otro que apuesta por estructuras más abiertas y multifiuncionales donde la capacidad de gestión prevalece sobre la titulación concreta. La futura decisión del Tribunal Supremo marcará el papel de la enfermería en la dirección de la atención primaria.

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