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Opinión | Escrito sin red

Un ejemplo al mundo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la candidata socialista a la Junta, María Jesús Montero, durante un acto de campaña celebrado en Cártama.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la candidata socialista a la Junta, María Jesús Montero, durante un acto de campaña celebrado en Cártama. / Jorge Zapata / EFE

Inició Pedro Sánchez su participación en la campaña electoral de Andalucía avisando de que se inscribía en un contexto en el cual el movimiento progresista se enfrentaba a una ola de la ultraderecha en todo el mundo. Esa ola estaría representada por Trump en EE.UU., Le Pen en Francia, Meloni en Italia, Weidel en Alemania, Farage en Reino Unido. En España, estaría representada por Vox, acusando al PP de subirse a la misma por los pactos de gobierno en Extremadura, Aragón y Castilla y León. No explicó qué impetuoso viento la había levantado, como si se hubiera creado por generación espontánea. Todo movimiento que surge en la sociedad se corresponde a una reacción frente a lo imperante. Y lo que es común en todos estos países es la reacción contra una inmigración incontrolada que amenaza a la cultura occidental. En España, la regularización extraordinaria y apresurada, impulsada por el Gobierno de cerca de un millón de inmigrantes, criticada por los socios europeos, ha reforzado la reacción de una ciudadanía angustiada por la degradación de los servicios públicos, los bajos salarios y el coste de la vivienda. Esa degradación y una gestión fracasada en todos los ámbitos de la vida institucional y democrática es la explicación del fracaso del «progresismo» y el auge de lo que Sánchez llama la ola ultraderechista.

Pero, con la gestión del hantavirus, parece que, según el Gobierno, hemos maravillado al mundo. Sánchez ha dicho que la gestión del Gobierno ha sido «un ejemplo al mundo que se recordará durante años». Pues sí que está mal el mundo si una gestión correcta como la efectuada merece ser recordada los años venideros. Será un ejemplo, no sé si imperecedero, al mundo, pero no lo ha sido de compenetración entre el Gobierno central y la autonomía canaria. Durante la covid, Sánchez, acorralado por la magnitud de la pandemia, buscó la manera de deshacerse de la responsabilidad de su gestión y proclamó que nuestro Estado de las autonomías suponía la cogobernanza, por lo que la delegó en aquellas. Cuando prevé que su gestión puede ser cuestionada, desaparece. Cuando cree que puede obtener rédito, cuando cree que renta, desprecia la relación con la autonomía y comparece. Lo hemos visto en numerosas ocasiones con motivo de las votaciones en el Congreso. Cuando no le renta, como en la modificación de la ley del solo sí es sí, posibilitada por el voto del PP y muchas otras en las que el Gobierno ha perdido votaciones, su sillón está vacío. Como su ausencia en el funeral por las víctimas de Adamuz en Huelva, temeroso de las iras de los familiares. Su presencia no tiene que ver con sus responsabilidades institucionales, sino con su conveniencia política. En Tenerife, Sánchez se ha olvidado de la cogobernanza. Como tantas veces, manipula la realidad para adecuarla a su antojo, para que pueda beneficiarle electoralmente. Sánchez no gobierna; desde el minuto uno, no hace otra cosa que propaganda. El enfrentamiento con el gobierno canario ha sido de una dureza extraordinaria. Clavijo acusó a la ministra de Sanidad de ocultar la presencia de un infectado por el hantavirus y de no haber realizado los tests PCR antes del desembarco. Mónica García aseguró que esas pruebas solo podía realizarlas el Centro Nacional de Epidemiología y que el pasaje estaba asintomático. Lo cierto es que solo los españoles desembarcados se cubrían con trajes completos de protección, mientras el resto de pasajeros lo hacían con baja protección. Dos pasajeros estadounidenses y un francés han sido diagnosticados como positivos en el virus. Clavijo declaró, en relación al Gobierno de Sánchez: «Vinieron con arrogancia, prepotencia, caciquismo y mentiras». Mandos militares han criticado al ministerio de Sanidad por no realizar las pruebas PCR a los pasajeros cuando el Hondius fondeó en el puerto de Granadilla, en aparente consonancia con las denuncias del presidente de Canarias. Por su parte, la ministra alardeó de la brillante gestión realizada, que calificó, incomprensiblemente, como un éxito del multiculturalismo.

En Tenerife han supervisado el atraque del Hondius nada menos que tres ministros: la ministra de Sanidad, Mónica García, el ministro de Interior, Grande Marlaska y el de Administración Territorial, Ángel Víctor Torres. No voy a discutir la imprescindible presencia de todos ellos. Lo que causa perplejidad es que en el funeral por los dos guardias civiles muertos en una confrontación marítima con el narcotráfico en Huelva no estuvieran presentes ni Sánchez ni el ministro de Interior. Los machos alfa del Gobierno más feminista de la historia estaban en otros menesteres más gratificantes. Todos sabemos del malestar de la Guardia Civil por el desmantelamiento en 2022 del OCON, el organismo contra el narcotráfico en Andalucía, y de la escasez de medios materiales y humanos para hacerle frente. La reciente tragedia venía ya precedida por la muerte de otros dos guardias en 2024 en el puerto de Barbate en Cádiz, embestidos por otra narcolancha. Era previsible que se manifestara el descontento, por lo que se explica la cobardía de Marlaska. Enviaron a la pobre Aina Calvo, redentora de todos los males, vaya papelón; y otra mujer, la candidata a presidir la junta de Andalucía, María Jesús Montero, que se llevó todas las bofetadas sonoras y, a continuación, en un debate electoral, declaró, ante el pasmo de los presentes, que la muerte de los guardias en acto de servicio era un «accidente laboral».

La otra gestión ejemplar, ofrecida no al mundo, sino a Europa, ha sido la utilización en 2024 de 2.390 millones de euros de los fondos europeos del Plan de Recuperación europeo Next Generation para pagar las pensiones que deberían haber contribuido a la transformación industrial de España. Se ha repetido la operación en 2025 con otros 8.500 millones. Las cantidades totales podrían ser mayores porque el Gobierno español no ha comentado nada sobre otros 3.000 millones para pensiones en 2025. La prensa alemana, entre otros, Bild Zeitung y Die Welt se han hecho eco de la noticia, que ha causado gran indignación en Alemania, cuya economía sufre las consecuencias del coste de la energía y ha obligado al gobierno a reducir las medidas sociales propias de su Estado de Bienestar. Así, España puede ser expedientada por la Comisión Europea. Para que Pedro Sánchez pueda alardear de que se puede gobernar sin presupuestos; toda una legislatura sin ellos. España, un ejemplo al mundo, sí, de por qué, gracias al populismo, fracasan las democracias.

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